Semana improductiva en el Palacio Justo Arosemena. ¿Novedad?
No se puede detener el funcionamiento de un Órgano del Estado por el simple hecho de que un grupo de diputados no se ponga de acuerdo en la conformación de las comisiones permanentes de trabajo, sobre todo si su afán es demostrar quién tiene más poder en la alianza de Gobierno.
Incluso, este hecho no es una excusa para dejar de trabajar y cumplir con ese mandato constitucional que se les otorgó a los diputados el pasado 3 de mayo de 2009 en las urnas.
No es justificable que en el pleno legislativo reposen 17 proyectos de ley a la espera de que los diputados le den el segundo debate.
Para tratar estas iniciativas no se requiere que los “padres de la patria” se pongan de acuerdo en la conformación de las comisiones, ya que las mismas no afectan el trabajo para que el Pleno funcione, solo se necesita voluntad de trabajar; un trabajo que es bien remunerado con 7 mil dólares mensuales, pasaportes diplomáticos, franquicia telefónica y de correo, importación de vehículos libre de impuestos, placa oficial, combustible y hasta una partida de 4 mil dólares para la contratación de personal.
El llamado al orden lo debe hacer el recién electo presidente de la Asamblea Nacional, Héctor Aparicio, y sus dos vicepresidentes, quienes por forman parte de la directiva, que tienen un estipendio adicional de 6 mil dólares más mil de combustible para el presidente, y 4 mil dólares más mil dólares de combustible para los vicepresidentes.
Cada diputado tiene, además, un suplente que puede habilitar para que lo asista en el hemiciclo legislativo, y a cada uno de ellos se les paga una dieta de 500 dólares, según informes de la Contraloría.
Esta semana está por terminar y la situación no pinta bien.
