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Sembrando un agro diferente

Por: Redacción 01/04/2017

A finales de mes estaremos dictando una conferencia sobre Panamá en la Universidad de Arkansas.  Acostumbrado a resaltar nuestras cualidades turísticas, pero en esta ocasión me han solicitado añadir cifras y datos de nuestro comercio, temas que igual manejo, y finalmente pesquisas sobre nuestro agro. A pesar de no ser ingeniero agrónomo, siempre hay que saber sobre temas que no son de nuestra especialidad para complementar nuestro entorno pedagógico. Al culminar mis estudios en administración de empresas en la Universidad de Nebraska, médula de la denominada "correa del maíz" del centro geográfico de Estados Unidos, por fuerza y por suerte, existían materias que circundaban esos temas tomando un curso en Administración Industrial de Sistemas Agro Alimentarios. La materia rascaba el cerebro del estudiante sobre lo que se es, lo que existe y lo que se puede ser. Claro está que en un estado como Nebraska donde abundaba tan fértil el maíz, este se utilizará para incluso alimentar el hato ganadero cambiando así la genética de una vaca que tradicionalmente pastea los campos a un animal cuyo engorde se basa en granos. Las técnicas para la producción de más y mejor calidad de maíz en la misma cantidad de tierra, abarataba su costo a tal punto que vecinos como México le importaban para la producción de sus tortillas.

En este sentido, Estados Unidos maximiza su producción a través de especialización geográfica, de tal forma, por ejemplo, que el estado de Idaho se convierta en el semillero de las patatas, y Florida, de la naranja. En aquellos tiempos, a inicios de la década de los 70, a nosotros nos tildaban de países bananeros, con una connotación tercermundista ilustrada burlonamente en la película "Bananas", en la que Woody Allen se encuentra accidentalmente en medio de una turba en San Marcos, un ficticio país de los nuestros, que se toma el poder a través de un golpe de Estado y resulta ser ungido como su nuevo dictador. Practicaba United Fruit Company, el enorme conglomerado, un neocolonialismo en la región desde 1899. A través de coimas, bajísimos niveles de impuestos en los países donde operaba y la explotación de sus trabajadores, que le ganó el seudónimo de El Pulpo, la multinacional hizo de las suyas por casi un siglo. Resultado de ello, Panamá queda con una agricultura sin norte, sin inteligencia y sin maximizar su potencial. Cuando la producción de un grano es más económica adquirirla a través de su importación, entonces el enfoque, a pesar de todos los argumentos de los productores locales, debe estar en aquellos productos que sean de mayor rentabilidad por hectárea, aprovechando la tierra a su nivel óptimo. Fue así como, por ejemplo, la siembra y cultivo del café del género geisha no solo nos llevó al escalafón del café mundial, sino también a que el productor cafetalero istmeño maximizara sus ganancias en tierras que antes producían un café inferior u otros productos.

En el caso de la ínfima producción de cacao, que debe ser maximizada, durante décadas se ha exportado a Suiza donde se elabora el producto final que nos devuelve barritas de chocolate carísimas. Con la génesis de emprendimiento locales que presentan un producto artesanal orgánico, bien presentado para la exportación, Panamá inicia un nicho especializado que cubre todas las fases del mercadeo generando la riqueza que anteriormente regalábamos. Bien valdría la pena efectuar un sesudo estudio y especializar nuestras parcelas dedicadas a la explotación agropecuaria a la explotación de aquellos rubros cuyo rendimiento por hectárea sea óptimo, importando lo demás. ¡Zapatero a tu zapato!

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