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Señales políticas preocupantes


Cuarenta años ha tomado a nuestros “avezados” líderes políticos y a algunos periodistas, de oposición, percatarse de los poderes que la constitución de 1971, hecha a la medida del dictador, otorga al presidente de la república. Todos los gobiernos posteriores le han hecho cambios superficiales asegurándose de mantener para si tales poderes, y así han nombrado a magistrados de la Corte Suprema, del Tribunal Electoral y otros. Igualmente, todos han perseguido, y logrado, mayoría de diputados en la Asamblea Nacional porque de otra manera un presidente con una asamblea contraria queda impedido de gobernar, y aquel que piense que sí puede, es un político idiota.

Durante el gobierno anterior, de Martín Torrijos, se practicó todo esto pero, además, él contaba con mayoría de alcaldes, Representantes de Corregimientos, el Tribunal Electoral y hasta el Fiscal Electoral, pero a nadie pareció importarle mucho. ¿Por qué, entonces, se hace tanta alharaca ahora contra el actual gobierno que si bien es cierto que ha ejercido tales poderes heredados lo ha hecho cumpliendo siempre con la constitución vigente? Es sorprendente e ilógico que ahora que el presidente en funciones está tomando acciones democráticas efectivas para reformar la constitución a través de un grupo de destacados y prestigiosos notables, es cuando muchos reclaman que existe exceso de poderes en el Órgano Ejecutivo y hasta afirman la totalmente absurda tesis de que el gobierno actual es parecido a aquel de Noriega, o el de Torrijos que fue aún mucho más arbitrario.

Pero los agitadores de siempre no descansan y ahora quieren una constituyente, o sea que ni siquiera quieren confiar en la honorabilidad de los referidos notables, rechazando su propuesta aún antes de conocerla. Pero lo que realmente quieren es que Panamá no progrese, y eso nos incluye a ti y a mí, para no tener que darle ese crédito al Presidente.

El colmo democrático es que a los funcionarios del Estado, todos corruptos, les está impedido demandar por calumnia a ningún periodista, todos honestos e impolutos, a pesar de que el gobierno, por tener mayoría en la Asamblea, fácilmente podría cambiar esto. ¿Cuántos periodistas están o han estado presos? ¿Cuántos han sido asesinados o atentados? ¿Cuáles medios de divulgación están cerrados o tienen sensores gubernamentales, y ni siquiera se les ha pedido jamás que se autocensuren? ¿No insultan al Presidente cada vez que les viene en gana? Y podríamos continuar preguntando sobre estos temas tan comunes en las dictaduras sin que nadie pueda darnos respuestas afirmativas verídicas. ¿Dónde están las limitaciones al derecho de expresión de que tanto hablan en vano? Son politiquerías baratas auspiciadas por enemigos de Panamá, a quienes solo interesa ser ellos los que gobiernen aún a costa de nuestro progreso.

Igualmente acaban de descubrir los panameños la existencia del transfuguismo político, ya que el mismo nunca antes existió en Panamá ni en ninguna otra parte del mundo.

Varios comunicadores han aducido haber sido amenazados, pero no se me escapa que cualquiera de los muchos que buscan notoriedad puede levantar un falso testimonio, sin ningún peligro de ser demandado, para así ocupar, a manera de redentor, las primeras planas; ni se me escapa tampoco que cualquiera puede lanzar amenazas anónimas contra periodistas para hacer creer que se originaron de los gobernantes.

Empresario.