Sentimiento siniestro, antes y después de Noriega
Esta nota constituye una queja, que a propósito aparece con la muerte del exgeneral Manuel Antonio Noriega, que sale del alma de todos aquellos familiares y la sociedad doliente que sufren la pérdida de sus familiares y la lesión de parte de la nacionalidad panameña, durante los 21 años de dictadura perpetrada en contra de un pueblo noble como el nuestro.
Denuncio a esa obediencia debida de la que se acogieron esos exmilitares vivos o ahora muertos, que si por un lado, los exime de responsabilidad penal por los delitos cometidos por la cúpula, o tal vez quiera decirse por omisión, por otro lado, excreta un sentimiento siniestro ante la sociedad en que viven todos esos exoficiales de las Fuerzas de Defensa de Panamá que se atreven a abrir la boca ahora, cuando todos sabemos que en algún momento jalaron el gatillo para masacrar al pueblo o a alguien en particular y no lo sabemos.
No tienen dignidad ni tienen respeto por la ciudadanía que sufrió las extravagancias y desbordes de poder de estos señores, y ni se diga de sus consortes del Partido Revolucionario Democrático (PRD), quienes comieron del mismo plato y hoy día también salen a la palestra con el cinismo no visto.
Es de rigor señalar también el hecho de que estamos frente a un gobierno varelista que se atrevió a aliarse con ellos, aceptando sin dignidad que muchos de sus copartidarios fueran desaparecidos por las hordas perredistas, después del golpe militar de 1968 y que luego dichos mercenarios actuaron como brazo armado de la dictadura durante la lucha civilista que comenzó en 1987 y llegó a su fin con la intervención militar de 1989.
¿Qué cosa no? Muere Noriega y de seguro nadie lo irá a ver, porque mientras estaba reinando como jefe de Estado tampoco nadie se acordó de Torrijos muerto. Omar funcionó mientras estuvo vivo, luego la pleitesía fue para Noriega; el que estaba ahí, vivo, el que pagaba y repartía los fajos.
Cuando sale del ruedo el MAN, vivo, pero preso -como dijo el otro, muerto en vida- resucitan a Torrijos y ahora está ahí de nuevo, sus fotos y los “slogans” mentirosos.
O sea, ya Noriega había muerto hace tiempo, ni hablar de él. Muere uno se pone al otro. El asunto era y es hacer la política sucia e interesada.
Todo está escabroso ahora. La persecución y los presos políticos son una herencia de los incautos varelistas que se han ensañado contra sus adversarios políticos, especialmente los de Cambio Democrático, quienes se perfilan como los potenciales ganadores de las elecciones generales del 2019.
Hoy sigue este gobierno con el precepto de esa obediencia debida que empaña al poder Judicial y Legislativo que están a las órdenes del Ejecutivo, quienes de seguro serán señalados y experimentarán el mismo sentimiento siniestro que los sepultará en el futuro próximo.
Ingeniero y escritor