Ser independiente en Panamá
Todos tenemos una disposición, una necesidad del sentido de pertenencia, tendencia que vamos valorando desde el seno del hogar, la escuela, de forma evolutiva nuestra formación la vamos labrando, haciendo más aguda nuestras preferencias políticas. Sin duda alguna y de manera indefectible todos tenemos una inclinación política en la cual hayamos militado o tenido alguna participación efímera o duradera, hasta llegar a consolidar nuestro propio carácter político, sobrio, depurado y consciente para ser captado y captar, valga la redundancia, el valor indubitable de quiénes somos y hacia dónde vamos.
Nuestro país, privilegiado, único y provechoso, sus características geográficas lo posicionan en los más altos umbrales de la economía mundial. Su único defecto son precisamente los que más beneficios logran un porcentaje para sí por encargo de otros que sin dar la cara se llevan el resto y no son más que los partidos políticos y sus patrocinadores: los grupos económicos de poder.
En 27 años no logramos tener el discernimiento, la capacidad de análisis o mejor aún no hemos tenido la oportunidad de realizarnos debido a que el sistema político panameño no brinda, no ofrece la deseada, anhelada oportunidad de desarrollarnos políticamente como debiéramos. ¿Por qué? Simple y llanamente porque el sistema tranca y trunca esa circunstancia favorable, ya que no hay margen para escoger a quienes real y verdaderamente quisiéramos.
Básicamente, el país lo tienen organizados en dos partidos y sus satélites aliados con el discurso mal vendido o mal comprado de la alternabilidad en el poder que a la postre es la fiel resultante de una reelección disimulada, coartando toda alternativa posible de escoger por una verdadera vía democrática a quien mejor nos represente.
El sistema no nos hace fácil el camino, ha sido tortuoso, pero a la vez enriquecedor, gozamos de credibilidad, respeto, humildad para reconocer la verdad y valentía para señalar la mentira que es la que más abunda y más abonada tiene la partidocracia criolla, que vive arraigada por costumbre a gobernarnos.
Pese a toda contrariedad, abuso y rechazos por parte de esa clase depredadora de políticos repetitivos, luego de las pasadas elecciones hemos calado en la conciencia y corazón de la mayoría de los sectores pujantes de nuestro país; sin ambages hemos demostrado que ese llamado profundo hace eco, se presenta, se proyecta y difunde sin cesar, a tal punto que han tenido que imitar nuestra posición con grupos articulados paralelos y provenientes de su propio eje. Aun así nos identifican claramente y a ellos también, la diferencia abismal se caracteriza, se marca desde su aberrante origen.
Encontrarnos y encontrarse dispuestos a participar sin recursos, con el ánimo puro y verdadero de buscar el bien común, como norte político que espera toda sociedad ansiosa de ver materializado esos postulados propios, inherentes a todo ciudadano que espera un cambio sustancial, oportuno y necesario que llegue para beneficio de todos. Es una tarea gigante, dantesca, pero no imposible, es una enorme responsabilidad, constancia, preparación, militancia, frustración, valor, agradecimiento y orgullo.
Es tener la suficiente inteligencia, coraje y decisión de rechazar de plano convertirse en partido político, pese a la jugosa y millonaria tentación que oferta el Tribunal Electoral. Esa propuesta es para personas vanas, sin carácter, que pretenden hacerse y asirse bajo un discurso oportunista de oposición y al final el sistema los absorbe y se convierten en iguales a sus supuestos adversarios convirtiéndolos en unos advenedizos del sistema. Jesucristo dijo: "Con el diablo no se habla", a varios les fascina, esa clase de personas nacen para eso.
Si nos preguntan que si es fácil ser independiente en Panamá, la verdad es que no lo es, pero las recompensas son de un valor inconmensurable, se reflejan en la mirada inocente de los niños, en la sonrisa, alegría y entusiasmo de la juventud, en el apretón de manos de hombres, en la amabilidad, en las esperanzas de las mujeres y en los abrazos de nuestros viejitos.
Aprovechamos este espacio y los conminamos a que se unan porque es el momento de todos. Hagamos lo correcto y seamos independientes de pura cepa. ¡Acción!
Ciudadano