Ser médico, profesión hermosa
Hace muchos años, ser médico en Panamá era tener la profesión más hermosa, más sacrificada y más importante. Se decía que en la comunidad había tres personas importantes: el juez, el cura y el médico. También hay que ver que los médicos de antes nos ganábamos esa posición en la sociedad por nuestra dedicación y el trabajo que desarrollábamos. Todavía recuerdo a aquellos que hacían visita en las casas para ver a los pacientes; recuerdo también cuando ser médicos internos y residentes era trabajar en los hospitales 24 horas al día y al siguiente estábamos cumpliendo con nuestra labor cotidiana y nada nos pasaba. Nos tocaba trabajar en los cuartos de urgencia donde nos fogueábamos con la profesión porque había que tratar a los pacientes con premura, si no, se nos morían. Era allí donde aprendíamos el verdadero trabajo médico. Nos llamaban a cualquier hora del día y de la noche y estábamos dispuestos a ir.
Pero un buen día, la dictadura militar quitó a los médicos internos de los cuartos de urgencia para ocupar esos puestos con médicos generales y así esos colegas perdieron la relación con la verdadera profesión médica. Más tarde, los internos solo trabajaban hasta las tres de la tarde, lo que eliminó el aprendizaje de la verdadera medicina, ya que los médicos internos estaban a la par de los otros colegas y trabajaban menos en la época de aprendizaje.
Los médicos que hacían su segundo año de internado en el interior en esa época aprendían; ahora trabajan como cualquier médico sin tener la idoneidad para hacerlo porque no están vigilados por los médicos de planta.
...LA DICTADURA MILITAR, QUITÓ A LOS MÉDICOS INTERNOS DE LOS CUARTOS DE URGENCIA PARA OCUPAR ESOS PUESTOS CON MÉDICOS GENERALES Y ASÍ ESOS COLEGAS PERDIERON LA RELACIÓN CON LA VERDADERA PROFESIÓN MÉDICA.
En la Facultad de Medicina nos enseñaban el amor por la profesión y la dedicación al paciente y se nos decía que él era lo más importante para un médico. Más tarde, se perdió también ese sentir y algunas personas estudiaban medicina, muchas porque amaban la profesión, pero otras para ser personas importantes en la comunidad y ganar un mejor salario. En cuanto a esto, los médicos son los más mal pagados entre todas las profesiones y, al disminuir la calidad en la formación moral y ética, también ha disminuido la calidad humana de los médicos.
Hace varios años conversé con el decano de la Facultad de Medicina porque, como médico, estaba preocupada por la situación que se vivía en Panamá. Hablé con él sobre la formación deficiente de los estudiantes de medicina, sobre todo la ética, y me respondió que estaba de acuerdo con mis planteamientos y que empezaría a dictar clase sobre la misma. Pero hasta allí llegó y más nunca supe de él. Sin embargo, fue reelecto como decano y fue la época negativa de nuestra Facultad de Medicina.
Ser médico es hermoso cuando se practica con amor, con dedicación y con verdadera vocación. Hace aproximadamente dos años, un amigo me dijo que su hijo quería ser médico y quería que yo hablara con él sobre lo que era esa profesión, las dificultades que presenta y cómo cambia la vida con ella. Conversé con él, le planteé todo claramente y me respondió que me agradecía, pero él quería ser médico y ya lleva dos años de estudio. Estoy segura de que pertenecerá al grupo de los verdaderos médicos con vocación por la profesión, al trabajo y, sobre todo, al paciente. Afortunadamente, la mayoría de los médicos son buenos y dedicados y les hago un llamado para que no cambien, para que no desarrollen más el amor al dinero que a la profesión en sí; para que no se dejen influir por ese pequeño grupejo que solo encuentra en la profesión una forma de vivir holgadamente; para que atiendan a sus pacientes con amor, con desprendimiento y no sean como algunos que les preguntan al paciente qué siente mientras leen el periódico del día y luego ni siquiera le toman el pulso ni la presión e intentan hacer un buen diagnóstico. Que esos médicos que trabajan en las instituciones de salud, con la gente más necesitada, demuestren el mismo amor que en la clínica privada y que los exámenes que les hagan allá sean iguales que los privados.
El amor a la profesión médica no debe perderse jamás y menos cambiarlo por lo económico. Ser médico, hermosa profesión.