Ser paciente, condición que nadie desea
Cuando observamos que un barco en tránsito por el Canal de Panamá tiene más derecho en este país que un ser humano a la vida, en relación con los “derechos permanentes a los servicios de salud público” que deben garantizarle el Estado nacional, no nos queda más que reflexionar sobre los principios éticos y morales que mueven a la clase política de Panamá.
La mayoría de los políticos y gerentes de la cosa pública aceptan como bueno el hecho de privilegiar las soluciones a los distintos conflictos laborales y comerciales que se puedan producir en la vía internacional acuática, con herramientas de mediaciones oportunas, sin afectar los intereses económicos mundiales y empresas nacionales, sin impedir su funcionamiento normal; pero para conservar la vida, calidad de esta en los ciudadanos de mi patria, aún no hemos podido establecer los mecanismos legales necesarios para evitar 26 días de huelga de los servicios de salud, con una insensibilidad y desprecio por la vida humana, que rompe los récords establecidos.
Esta no es ni será la última huelga de algún gremio administrativo o de los funcionarios de la salud, que por su derecho a manifestar sus reclamaciones laborales, gremiales o de cualquier índole, no afecten directamente al sujeto y objeto de la salud, los pacientes, sin que los distintos gobiernos de turno evidencien su incapacidad legal de impedirlo, para evitar oportunamente la afectación sanitaria a sus ciudadanos, que les dieron su voto de confianza para que administraran el Estado, para beneficio de las mayorías nacionales.
Creo que estamos en los tiempos de hacer los ajustes indispensables a favor de los pacientes, no de los gobiernos de turno o de los funcionarios de la salud, sino en la calidad de servicios de salud que reclaman los pacientes, los cuales van más allá de la Ley 69 o de una nueva ley sobre este mismo tema.
¿Cuánto tiempo más seguiremos desprotegidos los pacientes, al volver a vivir en un corto plazo el mismo escenario de suspensión de los servicios de salud? La realidad es que la demanda de estos servicios, en calidad oportuna, son insostenibles, si mantenemos el mismo modelo de atención a los panameños, como primera estrategia sanitaria para mantenerlos enfermo, ese modelo patocéntrico que ha demostrado a nivel mundial ser insostenible, en vez de adoptar de una vez y por todas un modelo preventivo.
Es fundamental comprender por aquellos panameños privilegiados con el don de la curación, que decidieron estudiar esta disciplina humanista, sobre lo científico de la evidencia, que como dice el viejo refrán: siempre es “mejor prevenir que curar”.
No solo se trata de hacer recetas, buenos diagnósticos, operar con éxito: hay que ir más allá, participando de manera real en la vida de sus pacientes. Interactuando con el ser humano. No solamente sobre su padecimiento, sino sobre su persona, como un cliente o un paciente enfermo, porque es seguro que algún día llegarán ustedes también a ser un paciente y demandarán esta misma actitud de los colegas que los traten.
Bien lo expuso en el XXI Congreso de la Asociación Médica Nacional, el 14 de agosto de 1981, el Dr. Antonio González-Revilla: “La razón que me ha alentado a escoger este controvertible tópico es la de estar palpando con profunda certinidad la evidente deshumanización del arte hipocrático que transcurre de manera paralela inexorable con la menguante declinación humanística de otras profesiones al emerger la supremacía de la ciencia, como característica innegable de la superlativa transformación tecnológica de nuestro mundo contemporáneo, transformación que como bien lo ha dicho Fromn, ha logrado hacer máquinas que actúan como hombres y producir hombres que actúan como máquinas”.
En la práctica de la medicina, nos dice el Dr. González-Revilla, el médico general con gran trasfondo humanístico, ocupó un sitial de preferencia al ser conocido como el buen médico de familia, al reconocérsele su eficiencia y humanidad derivada de su constante incursión en los diversos aspectos básicos del arte de la ciencia hipocrática y en su vasta comprensión del hombre, como una realidad física y espiritual. Han surgido portentosos centros hospitalarios maravillosamente dotados, pero impersonales en su operación y administración como onerosos en los servicios que dispensan; la calidad de los servicios de salud que necesitamos, es algo más que un acuerdo entre las partes, que no deciden resolver los temas de fondo en la salud humana.