Servir para mejores causas
Es entendible que cuatro damas se hayan molestado porque el presidente de la República, Ricardo Martinelli, en un tuit las llamó despechadas, y no tendría nada de malo que les pidiera una disculpa pública o por la misma vía objeto de la supuesta ofensa.
Lo que ya se sale de contexto es la dimensión que le han dado a este tema, que según ellas constituye una forma de violencia y maltrato, lo que les sirve para justificar las protestas, los ataques al Gobierno y la conformación de un movimiento organizado en defensa de la mujer panameña.
Si nos vamos a lo que entiende cualquier panameño por una mujer despechada, sería el equivalente a una mujer sentida por algo. Entonces la pregunta es: ¿Dónde está la ofensa del presidente?
Estas damas, gracias a la libertad de expresión, de la cual hacen uso todos los días y en todos los medios, le faltan el respeto al presidente y le dicen de todo. La realidad es que la mayoría de las figuras emblemáticas del movimiento de las despechadas aspiran a un puesto de elección popular o le están haciendo el trabajo mediático a un candidato presidencial de oposición. Si son las verdaderas defensoras de las mujeres, por qué se han negado a pronunciarse en contra de la ofensa e insulto que le hizo el vicepresidente Juan Carlos Varela a la Licda. Lucía Chandeck cuando la llamó “funcionaria de segunda categoría”.
Sin lugar a dudas que el movimiento de las mujeres despechadas es pura politiquería. Y esto ha quedado en evidencia con la aprobación de la ley que tipifica el femicidio, ya que por su importancia, lo menos que podían hacer era felicitar a la procuradora Ana Belfon y a su equipo de trabajo por la tenacidad para que se pasara la ley.
El movimiento de las despechadas debe servir para mejores causas que estar todos los días criticando y ofendiendo al presidente y al candidato José Domingo Arias. Si como dicen, su objetivo es luchar contra la violencia a las mujeres, entonces qué mejor instrumento que esta ley que tiene “…por objeto garantizar el derecho de las mujeres de cualquier edad a una vida libre de violencia y proteger los derechos de las mujeres víctimas de violencia en un contexto de relaciones desiguales de poder…”.
Las despechadas (que son todas luchadoras y profesionales) tienen la oportunidad de demostrar que no están buscando protagonismo político y que las une el interés de defender a las mujeres. Y esto se logra luchando para que una ley excelente no se quede en letra muerta.