Sesiones extraordinarias, una jornada poco productiva
Aunque no se pagó un real en dietas por asistir a las sesiones extraordinarias, la jornada -que prometía ser productiva- se convirtió en un gasto innecesario para el Estado.
Fueron dos semanas de sesiones en las que más allá del gasto de papel y electricidad solo se logró ratificar al director del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales, Abdiel Cano, quien está ejerciendo plenamente sus funciones.
Lo mismo no se puede decir de la ratificación del magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Harry Díaz, tras la salida de José Abel Almengor.
A pesar de que el nuevo magistrado recibió el visto bueno de la aplanadora oficialista el pasado 2 de junio, el abogado aún no ha tomado posesión del cargo ante el presidente de la República, tal cual lo exige la Constitución.
El proceso para designar a Díaz fue expedito. El presidente, con el argumento de que la vacante debía ser llenada cuanto antes, no convocó a la Comisión Especial Evaluadora, que en los últimos cinco años sirvió como filtro para la escogencia de los candidatos a la máxima corporación de justicia.
Faltan 15 días para que la Asamblea Nacional reanude sus sesiones ordinarias y Díaz, a pesar del apuro del Órgano Ejecutivo, aún no ha sido llamado al Palacio de las Garzas para que tome posesión.
Ello sin contar que el plato fuerte de las sesiones extraordinarias, las reglas del juego para las elecciones del 2014, quedaron relegadas.
En esas dos semanas solo se armó un estéril debate sobre la conveniencia, para algunos grupos políticos, de la segunda vuelta electoral. En segundo plano quedó el debate sobre la paridad de género, sobre los diputados nacionales, sobre el tope del financiamiento público, sobre las donaciones a las campañas políticas y sobre la postulación de listas cerradas de diputados en los circuitos plurinominales, entre otros temas; un debate que contribuiría a fortalecer nuestra joven democracia.
