Shakira, no vuelvas más
Panamá tiene una excelente oportunidad de convertirse en el centro regional de los espectáculos musicales internacionales. Cada vez más, artistas conocidos alrededor del globo eligen Panamá para presentarse.
El concierto que dio el martes pasado la colombiana Shakira, en Plaza Figali, es un buen ejemplo de ello.
Sin embargo, hay gente empecinada en evitar ese crecimiento.
O así parece.
El “show” de la colombiana tuvo una pésima organización, que no estuvo a la altura de su estrella principal.
La promotora Magic Dreams, a cargo de la producción, debería replantearse la forma en que organiza los eventos multitudinarios.
El martes en la noche, nada estuvo en su lugar, según varios asistentes.
Para enumerar, sólo parte de los múltiples problemas que debieron sufrir los espectadores en el concierto:
1. Sólo se habilitaron dos puertas de acceso, la súper VIP y otra para todos los demás (VIP, preferencia y general). Eso hizo que los clientes que tenían VIP y preferencial debieran adivinar el área que les correspondía, porque no había señalización de ningún tipo para llegar al lugar.
2. Una vez allí, las ubicaciones (sillas) no estaban señalizadas en forma correcta y, por supuesto, en muchos casos terminaron ocupadas por personas que adquirieron otro lugar. Esto, gracias a que no había nadie de la organización para guiar a la gente a su sitio.
3. Una vez que comenzó el concierto, el “juega vivo” quedó en evidencia: la mayoría de las personas que estaban cerca del escenario se subieron a las sillas –aparte de quitarlas de su sitio y trasladarlas más adelante- y no permitieron que los espectadores a sus espaldas apreciaran el concierto y disfrutaran en directo a la cantante, a pesar de haber pagado entre 280 y 320 dólares por cada entrada.
¿Alguien para organizar a la gente y no permitir esos abusos?
Nadie. La organización ausente.
