Sí hay inseguridad
El director de la Policía Nacional, Gustavo Pérez, durante una entrevista con este diario afirmó que los ciudadanos no deben temer por la ola de sicariato que azota el país, porque estos criminales únicamente atentan contra personas ligadas al narcotráfico.
Pérez dijo categóricamente que Panamá es un país seguro y que los únicos que deben sentir inseguridad son los narcotraficantes.
Las declaraciones de Pérez resultan incongruentes con los hechos registrados en el país durante los últimos años. Parece desconocer el asesinato de estudiantes, profesionales y personas decentes de este país para robarles un teléfono BlackBerry, una moto, un carro, unas zapatillas, o hasta cinco dólares.
El director pretende ignorar también la muerte de niños, jóvenes y adultos inocentes que han quedado atrapados en medio de tiroteos entre pandilleros.
Los tiroteos ahora se registran a plena luz del día y en cualquier lugar, dentro de buses, al frente de escuelas primarias, en barriadas y hasta dentro de centros comerciales.
Muchas de las víctimas de estos “gatillo alegre” eran panameños honestos que no tenían ningún tipo de vínculos con el tráfico de drogas u otras actividades delictivas y cuyas vidas fueron truncadas por criminales.
Nadie demerita el buen trabajo que está realizando la Policía Nacional y los avances que se han dado en la dura lucha contra el flagelo de la delincuencia organizada.
Es cierto que afortunadamente Panamá no presenta los niveles de delincuencia que registran otros países del área, pero de allí a pedirle a las personas que no tengan temor por su seguridad, es una exageración.
La delincuencia no solamente tiene que ver con el narcotráfico y el crimen organizado. Los niveles de crueldad y violencia han aumentado en todos los aspectos de la vida nacional.
Panamá ha cambiado mucho y la gente ya no se siente segura ni en su casa. Las estadísticas no mienten, los permisos de armas aumentaron el último año en un 200%. La inseguridad que percibimos los ciudadanos no es un invento, es producto de una agresiva realidad.
