default

Si juega con fuego, se puede quemar


En la sala de quemados del hospital del Niño son pocos los rostros de felicidad. La mayoría de los pacientes son niños o niñas inocentes que viven una pesadilla que todavía no logran sacar de sus memorias.

La historias son parecidas y tienen como denominador los juegos pirotécnicos.

Una mala manipulación de una “bombita” puede dejar sin dedos y con quemaduras de primer grado a una persona.

Es un asunto de formación en el hogar y disciplina. Los padres de familia que permiten a sus hijos que manipulen un artefacto explosivo deben estar conscientes que están también jugando con su vida y su futuro.

Si en un hogar queda claro que no es permitido jugar con esos productos explosivos y que hacerlo conlleva un sanción, entonces los niños lo pensarán dos veces antes de prender la mecha.

Pero si lo consideran como un acto de diversión e incluso entregan el dinero para que compren esos artefactos, entonces también están asumiendo la responsabilidad de lo que suceda.

Solo en la ciudad de Panamá se reportaron más de 17 niños quemados. Sin hablar del interior del país, lo que aumentaría la cifra.

Las secuelas físicas y psicológicas que dejan estos “accidentes” son difíciles de superar para estos niños. Un momento de diversión convertido en tragedia.

Las celebraciones de las fiestas de fin de año no deben confundirse. Son momentos especiales para estar en familia, y resulta irónico que es cuando más suceden esta clase de hechos lamentables.

Imponer disciplina y respeto a los menores puede salvarle la vida en un futuro.

Las sanciones para los comerciantes que venden juegos pirotécnicos sin control y a menores de edad deben ser ejemplares. Son armas en potencia que atentan contra la salud , por lo que su comercialización debe ser controlada.