Si no te respetas, te hundes
Para crecer integralmente hay que respetarse, y para eso hay que valorarse, estimarse y amarse. Y cuando uno lo hace no permite enlodarse, ensuciarse en actitudes y comportamientos indeseables. Es como cuando llevas un traje nuevo, recién comprado, no quieres que se manche y menos que se rompa. Pues nosotros, cada uno, es creación "recién hecha" de Dios y reflejamos la presencia divina, ya que de Él venimos y Él está dentro de nosotros. Somos "luz", brillamos internamente, participamos de la plenitud de Dios y en nosotros está la misericordia, la sabiduría, la fuerza y el amor del Señor buscando la manera de expresarse en nuestros pensamientos, actitudes y acciones. No seríamos nada sin Dios. Con Él somos, con Él valemos, con Él viviremos eternamente y brillaremos para siempre como estrellas en el firmamento divino. Si supiéramos cómo somos por dentro, ya que somos hechos a imagen y semejanza de Dios, quedaríamos extasiados de la belleza que hay en nuestra alma. Pero Satanás no quiere que miremos hacia dentro, que nos detengamos en la meditación, en medio del silencio y la soledad para vernos tal y como somos. Él quiere que nos miremos como basura que se sentirá mejor si se llena de cosas y adquiere mucho poder.
El no saber quiénes somos, y vernos como el mundo quiere que nos veamos, como pedazos de carne pensantes que hay que adornar con muchas cosas para tapar nuestra fealdad interna, esto hace que no nos respetemos y por eso viene nuestra decadencia. Nos llenamos de cosas para sentir un cierto gozo y aparentar ante el mundo que valemos. Pero como en verdad creemos que no valemos, al final actuamos de manera rastrera, porque uno así como se ve se comporta. Tenemos que llenarnos de cosas para compensar, tapar, disimular nuestra triste creencia de que somos basura y esa conciencia distorsionada nos hace creer que con tener entonces "sí somos".
¿Y qué hacer para cambiar eso? Empezar por uno mismo, creando una mayor conciencia de lo que somos y de lo que son los demás. A más grado de "iluminación interior" que viene de Dios, más resurge el compromiso de cuidar ese gran tesoro que somos cada uno de nosotros. Al respetarnos, igual hacemos con los demás. El respeto que se fundamenta en verse como Dios nos ve, genera una veneración por ese Dios que está en uno y en los demás. Al vernos como hijos de Dios Padre, hermanos de Cristo, bañados con su sangre redentora, templos del Espíritu Santo, miembros del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, y con la misión de construir un mundo nuevo, eso nos hace actuar con dignidad, con compasión, con generosidad y respeto a los demás. El respetar a las personas por su misterio que descansa en el Señor nos ayudará a ir creando una nueva cultura en donde los derechos de todos serán promovidos y vendrá, entonces, la añorada paz. Todo esto se puede realizar en la medida en que confiemos en el Señor, pidamos su ayuda y actuemos como comunidad cristiana que evangeliza al mundo, sabiendo que con fe en Él triunfaremos, ya que con Dios somos invencibles.