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Sí, sabemos hacia dónde vamos

Por: Redacción 18/03/2014

En su recorrido por la ciudad, probablemente usted ha visto alguna vez una persona ciega que se desplaza con su bastón, recorriendo alguna acera, intentando cruzar una calle o esperando algún transporte. La pregunta que muchos se hacen es: ¿sabe para dónde va?

Sí, sabemos hacia dónde vamos. ¿Y cómo lo sabemos? Regularmente nos apoyamos en distintos elementos con los que pueden tener contacto nuestros sentidos. Nuestros oídos, nuestro olfato, nuestros pies e incluso nuestras manos son los que nos entregan la información para conducirnos con seguridad.

La sensación de seguridad en su movilidad la adquiere la persona ciega cuando ha logrado instalar en su imaginario una especie de dibujo mental en el que está registrado en distintos grados la manera en que está distribuido el espacio o entorno por donde se mueve. Es entonces cuando debemos hacer uso de todos nuestros sentidos para poder orientarnos y de no ser posible, esperar por la ayuda de alguien. Recuerde esta última frase, porque ese alguien puede ser usted; llegado el caso, observe si nota una actitud vacilante en el desplazamiento y de ser así pregúntele si necesita ayuda.

¿Cuáles son algunos elementos que nos causan dificultad en nuestro andar?

Los entornos muy amplios o abiertos, como una terminal de transporte, una gran plaza o parque, representan un verdadero desafío a nuestro sentido de orientación, pues son escasos los puntos fijos de referencia, tales como paredes, muros, barandas, guías para tomar la dirección correcta.

El ruido excesivo: otro elemento que se constituye en un gran desorientador. Lo es sin lugar a dudas. Los ruidos excesivos que impiden que nuestros oídos puedan captar los sonidos que se emiten desde distintos puntos del lugar donde nos encontramos y con ello captar indicios de distancias, cercanía de edificios, avenidas, movimiento de vehículos, de personas, ubicación de entradas, existencia de áreas verdes, entre otros. En circunstancias normales, la información que nos entrega el oído nos permite reconocer dónde estamos ubicados, saber hacia dónde nos desplazamos o solicitar apoyo, si fuere necesario.

Cambios en el entorno: cuando ocurren cambios en el hogar o en la ciudad, nuevas rutas, desvíos, normas que alteran el movimiento vehicular, reubicación de paradas, readecuación de la estructura vial, o cualquier modificación que cambie lo previamente existente, se convierte en una dificultad; recuérdese que si conocemos un lugar, dependemos de la información contenida en el esquema trazado mentalmente. Esto significa que toda alteración debe igualmente incorporarse en nuestro esquema mental, a objeto que contemos con una guía, que refleje los cambios introducidos al entorno del medio físico.

Otras preguntas muy comunes son respecto al transporte. ¿Cómo saben los ciegos cuál es la ruta de autobús que deben tomar, por dónde van o dónde deben bajarse?

Para la identificación de los autobuses nos apoyamos en la información que nos brinda otra persona; con la entrada del nuevo sistema de metrobús, la necesidad de acudir a otra persona se ha hecho más fuerte, pues no hay quien anuncie la ruta del colectivo, además de que como se sabe con el nuevo sistema los buses no pertenecen a una misma ruta, sino que cambian, de acuerdo con algún criterio que desconocemos.

Cuando abordamos el autobús, una vez dentro de él, usualmente sí tenemos noción de por dónde transita el colectivo; sin embargo, hay que señalar que, al cerrar las puertas y mantener ventanas cerradas, quedamos huérfanos de algunos elementos que nos orientaban, tales como: sonido-ambiente, ruidos, olores, entre otras cosas, que provenían desde fuera del vehículo.

La persona ciega identifica los lugares por donde se desplaza el bus y con ello, su lugar de parada, apoyándose en elementos fijos o estáticos, como lomas, rectas, curvas.

El bastón, nuestro compañero inseparable, constituye una pieza clave en este proceso; se convierte en una especie de mano alargada para explorar, detectar o alertar; a través de este auxiliar, podemos, antes de dar nuestros pasos, anticipar el área por donde caminaremos y de este modo saber si debemos proseguir, detenernos o girar hacia la izquierda, la derecha o retroceder.

Es por ello por lo que tiene sus especificaciones, no se trata de un simple elemento para apoyarse como algunos se imaginan; es preferible que sea de metal para facilitar la detección y la exploración, que sea plegable para no incomodar a otras personas al momento de abordar un vehículo, e igualmente debe ser de un tamaño acorde con la estatura de quien lo utiliza. El tamaño recomendable es una longitud que va desde el suelo hasta la altura donde inicia el esternón, este es el tamaño aconsejable con el cual el ciego puede mover el bastón en sentido contrario a donde coloca el pie cuando da cada paso.

Pero hay algo más que nos proporciona el bastón, es un sentimiento de seguridad y protección, tan necesario, al saber que con él se disminuyen las posibilidades de golpearnos, de caernos o desviarnos. Es curioso saber que un elemento tan sencillo representa para los ciegos una herramienta que cumple de manera múltiple las funciones de ojos, pies y manos.

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Viernes 7 de agosto de 2026