Siempre en proceso de perfección
En alguna ocasión leí que las utopías no son malas, en tanto que permiten a la humanidad trabajarlas a cotidiano para lograr su realización; son como una fuerza productiva que jalonan la cadena de la historia y que llegado un momento que creemos haberla alcanzado, nos damos cuenta de que se trata de otro punto de inicio, a otro nivel, para seguir luchando en dirección a lograr la perfección ideal.
Lo anterior es la historia de la democracia, siempre estamos buscando su perfección, como el mejor escenario para la convivencia humana. La búsqueda de esta, la democracia, les da vida a los pueblos, por ello, destacados autores han subrayado que la misma constituye una dimensión ética del individuo en sociedad.
La democracia en nuestras regiones, su búsqueda permanente de perfección ha tenido su alta y baja, y no pocas veces, los retrocesos en su devenir han sido tan fulminantes para la vida en sociedad que nos coloca en un punto de inicio, a fin de lograr peldaños nuevos hacia la realización de ese ideal? democracia, sin importar los costos sociales e incluso existenciales que la misma plantea como sacrificio.
Nuestra América y nuestro país no escapa de esta realidad, desde nuestras guerras de liberación, fuimos marcados por las égidas de caudillos y líderes populistas, militares o no, lo mismo que por el predominio de gobiernos de castas y oligarquías, que limitaron el pleno desarrollo de una democracia y cuando la misma parecía como posibilidad, fue ahogada y saboteada. Pero no por ello, como utopía, siempre trazaba caminos de lucha y en muchos casos hasta insurrecciones populares para que se volviera una realidad.
Siempre hay que cuidar los caminos y éxitos logrados en ese devenir del proceso hacia una vida en democracia; las tentaciones hacen parte de la naturaleza humana y política. Estas últimas tienen variadas formas de presentarse o aparecer y en algunas ocasiones vestidas con un ropaje democrático. No basta un discurso democrático; hay que demostrarlo con acciones. Jamás en una democracia el ciudadano o individuo puede ser tenido como un súbdito. El poder en democracia es una relación sinalagmática; es decir, es voto y fiscalización.
Lo anterior es lo que me lleva a sostener que todavía hace falta mucho camino para aproximarnos a ese ideal de democracia, que sea plenitud de vida y libertades.