Siempre serán recordados
El domingo 14 de abril de 2013, nueve de la mañana, hora sagrada para aquellos jóvenes y demás feligreses. Mientras hacía la meditación de la Palabra de Dios, se me ocurría pasar revista a mis feligreses, como aquellas sabias palabras del evangelista: “el pastor conoce a sus ovejas…”, de manera que pude descifrarlos. Participamos del banquete del Señor. A eso del mediodía se me había informado que salían para estar en horas de la tarde participando en el torneo distrital de fútbol que se estaba realizando (en Santa Fe, provincia de Veraguas). Eran las siete de la noche cuando un niño de repente llega corriendo a mi casa y me llama: “padre, lo necesitan de urgencia porque hay un accidente”.
Tomé las cosas con calma. Había llegado de hacer deporte y me disponía a cenar, de manera que me di prisa para poder llegar al lugar de los hechos. Eran las 7:20 p.m cuando llegué al sitio. Me invadió la tristeza y angustia, pero al mismo tiempo sentí la fortaleza de ser su sacerdote. Me bajé del auto para poder darle a cada uno la bendición. Ya en medio de la oscuridad se pudo sacar a los más graves. Dura realidad cuando se me comunica que estos hijos han fallecido.
Me detuve. Le pedí al Señor que les perdonara sus pecados y que ellos me dieran su bendición desde el cielo. Pero, al mismo tiempo, me acordé de que todavía era el día domingo.
Y le di gracias al Señor por llevárselos en ese grandioso día, después que todos ellos asistieron en horas de la mañana a la santa misa.
Gracias a mis hermanos sacerdotes que han estado conmigo, gracias a tantas personas generosas que nos están dando su mano amiga.
Desde esta tierra que te vio nacer, gracias Moisés por ser un niño cariñoso y de muy buenos modales, gracias Eliécer por ser monaguillo al servicio de la Iglesia, gracias Pastor porque formabas parte del comité católico, gracias Víctor porque siempre estuviste disponible para la lectura de la Palabra de Dios, gracias Sr. Fulgencio por ser un ejemplar papá, gracias Jacinto por ser coordinador del grupo juvenil. Siempre los recordaremos.