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Siendo serios con nuestra educación


Francisco Paz (francisco.paz@epasa.com) / PANAMA AMERICA

No es la primera vez que en nuestro país, negocios disfrazados de centros de enseñanza superior promocionan carreras de licenciaturas y posgrado sin estar debidamente autorizados por los organismos competentes.

La semana pasada este diario publicó un reportaje en el que se revela que más de 40 sociedades, legalmente constituidas como universidades pero que no cuentan con el beneplácito del Ministerio de Educación, operan en Panamá y hasta ofrecen sus servicios por internet a ciudadanos de otros países, quienes de la noche a la mañana quedan titulados por estos centros que ni siquiera aquí están reconocidos.

El tema es para ser analizado desde varios ejes, comenzando por el hecho de que después de dos décadas en que las universidades particulares proliferaron en el mercado educativo, por fin se está poniendo orden en cuanto a su regulación, ya que la educación superior parecía más un mercado de pulgas, en donde uno apuesta por cualquiera baratija, que una inversión para el desarrollo individual y nacional.

Pero esto va más allá, ya que nos lleva a reflexionar que si esta situación ocurre aquí, bien puede ser igual en otras partes del mundo, por lo que significa un llamado de atención a aquellos padres que se esfuerzan por enviar a sus hijos al exterior, al momento de escoger la universidad donde vayan a estudiar.

Por otra parte, la bola pica y se extiende, porque no solo hay que poner en cintura al nivel universitario, sino también a la educación particular.

Un secreto a voces es la práctica que ejercen algunas escuelas particulares, donde el acudiente paga porque el estudiante pase a otro nivel, al no irles bien en las oficiales.

Las medidas de control deben endurecerse, porque no solo se juega con la plata de los padres, ya que también se atenta con el futuro de la nación.