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Significado histórico de la educación

Por: Redacción 17/11/2014

Todo pueblo que alcanza un cierto grado de desarrollo se halla naturalmente inclinado a participar en la educación. La educación es el principio mediante el cual la comunidad humana conserva y transmite su peculiaridad física y espiritual. Cierto es que con el cambio de las cosas cambian los individuos. El tipo permanece idéntico. Animales y hombres, en su calidad de criaturas físicas, afirman su especie mediante la procreación natural. El hombre solo puede propagar y conservar su forma de existencia social mediante las fuerzas por las cuales la ha creado, vale decir, mediante la voluntad consciente y la razón. Por ellas adquiere su desarrollo un determinado juego libre.

La educación participa en la vida y el crecimiento de l a sociedad, así en su destino exterior como en su estructura interna y en su desarrollo espiritual. Y puesto que el desarrollo social depende de la conciencia de los valores que rigen la vida humana, la historia de la educación se halla esencialmente condicionada por el cambio de los valores válidos para cada sociedad. A la estabilidad de las normas válidas corresponde la solidez de los fundamentos de la educación. De la disolución y la destrucción de las normas resulta la debilidad, la falta de seguridad y aun la imposibilidad absoluta de toda acción educadora. Esto ocurre cuando la tradición es violentamente destruida o sufre una íntima decadencia.

Sin embargo, la estabilidad no es signo seguro de salud. Reina también en los estad os de rigidez senil, en los días postreros de una cultura; así por ejemplo, en la China de Confucio prerrevolucionaria, en los tiempos de la antigüedad, en los últimos tiempos del judaísmo, en cierto periodos de la historia de las iglesias, el arte y de las escuelas científicas. Monstruosa es la impresión que produce la rigidez casi intemporal de la historia del antiguo Egipto a través de los milenios. Empero, entre los romanos la estabilidad de las relaciones sociales y políticas fue considerada también como el valor más alto y se concedió tan solo una justificación limitada a los deseos e ideales innovadores.

La influencia de Grecia. El helenismo ocupa una posición singular: Grecia representa, frente a los grandes pueblos de Oriente, un “progreso” fundamental, un nuevo “estadio” en todo cuanto hace referencia a la vida de los hombres en la comunidad. Esta se funda en principios totalmente nuevos. Por muy alto que estimemos las realizaciones artísticas, religiosas y políticas de los pueblos anteriores, la historia de aquellos que, con plena conciencia, podemos denominar nosotros cultura, no comienza antes de los griegos.

LA EDUCACIÓN PARTICIPA EN LA VIDA Y EL CRECIMIENTO DE LA SOCIEDAD, ASÍ EN SU DESTINO EXTERIOR COMO EN SU ESTRUCTURA INTERNA Y EN SU DESARROLLO ESPIRITUAL. LA HISTORIA DE LA EDUCACIÓN SE HALLA ESENCIALMENTE CONDICIONADA POR EL CAMBIO DE LOS VALORES VÁLIDOS PARA CADA SOCIEDAD. DE LA DISOLUCIÓN Y LA DESTRUCCIÓN DE LAS NORMAS RESULTA LA DEBILIDAD....

La investigación moderna, en el último siglo, ha ensanchado enormemente el horizonte de la historia. El valor de los “clásicos” griegos y romanos, que durante más de 2,000 años ha coincidido con los límites del mundo, ha sido traspasada en todos los sentidos del espacio y han sido abiertos ante nuestra mirada mundos espirituales antes insospechados. Sin embargo, reconocemos hoy con la mayor claridad que esta ampliación de nuestro campo visual en nada ha cambiado el hecho de que nuestra historia —en su más profunda unidad—, en tanto que sale de los límites de un pueblo particular y nos inscribe como un amplio círculo de pueblos, “comienza” con la aparición de los griegos.

“Comienzo” no significa aquí tan solo comienzo temporal, sino también origen o fuente espiritual, al cual todo grado de desarrollo hay que volver para hallar una orientación pedagógica. Este es el motivo por el cual, en el curso de la historia, volvemos constantemente a Grecia. Es más, este retorno a Grecia, esta espontánea renovación de su influencia, no significa que le hayamos conferido, por su grandeza espiritual, una autoridad inmutable, rígida e independiente de nuestro destino.

Este problema histórico de la educación solo puede ser resuelto por la ciencia histórica a la luz del conocimiento histórico. No se trata de presentar artísticamente la cosa bajo una luz idealista-dora, sino de comprender el fenómeno imperecedero de la ecuación antigua y el ímpetu que la orientó a partir de su propia esencia espiritual y del movimiento histórico a que dio lugar.

 

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