Símbolo y prestancia de la prensa panameña
El pasado miércoles 10 de diciembre pasó a mejor vida el siempre querido y apreciado ciudadano Jorge Ramos C., conocido en el argot periodístico local como “Capitán”. Hablar de Capitán Ramos y su impacto en la prensa local demandaría mucha tinta, por lo que para honrar humildemente su memoria nos remitiremos hacer una sucinta semblanza de quien fue ejemplo de trabajo, dignidad y consagración en el largo caminar profesional de la información.
Se inicia desde muy temprana edad, en la década del 50, como “canillita”, voceando desde las primeras luces del día los diarios Panamá América, Crítica y si mal no recuerdo, al mediodía el diario La Hora.
Alternaba sus estudios primarios con su trabajo de vendedor de periódicos el que complementaba con el de lustrador de calzados (durante la guerra de Corea la “Marinada” fue un mercado importante también para el “shine”). Este temple, aún antes de ser adolescente le fue imprimiendo el carácter y responsabilidad de ganarse la vida amén de cumplir con su madre.
No bien se había inaugurado el edificio del Seguro Social de calle 17 oeste, nuestro personaje se granjeó el cariño del personal de mediano y alto nivel de la institución, por lo cual fue “contratado” (apenas empezaba su adolescencia) para resolver diligencias, mensajerías, etc. lo que le mereció el reconocimiento de emolumentos fijos. Pero para Jorge su mundo se inclinaba más a la prensa por lo que cayendo en gracia acabó siendo parte del equipo de la redacción de los diarios de la familia Arias, cuyas oficinas funcionaban en calle Estudiante y las rotativas en calle Darién y frente al Instituto Nacional.
Danilo Luna, Ariel Castro, el maestro Lucho Botello, Chelo González, el gran “Cococho” Briceño y otros insignes periodistas cuyos nombres no me vienen a la memoria (estoy hablando de hace más de medio siglo), fueron distinguidos trabajadores del periodismo a quienes tuve la oportunidad de conocer, por hacerle el turno vespertino a Jorge mientras asistía a la escuela, quien se reincorporaba a su trabajo después de las 6:00 p.m.
SE INICIA DESDE MUY TEMPRANA EDAD, EN LA DÉCADA DEL 50, COMO “CANILLITA”, VOCEANDO DESDE LAS PRIMERAS LUCES DEL DÍA LOS DIARIOS PANAMÁ AMÉRICA, CRÍTICA Y SI MAL NO RECUERDO, AL MEDIODÍA EL DIARIO LA HORA.
Bonitos recuerdos me quedan de aquellos tiempos, pero el asunto es que aquí nace el apodo de “Capitán”. Convertido en tipógrafo, Capitán Ramos llega a la excelencia, sin menoscabo de su estrecho vínculo con el equipo de redacción, lo cual devino en granjearse incluso, amistad con algunos miembros de la familia Arias más ligados al periodismo.
Por historia conocida los diarios de la familia Arias se convirtieron en el conglomerado conocido como Editora Renovación, S. A. (ERSA), trasladados entonces a la avenida Fernández de Córdoba.
BONITOS RECUERDOS ME QUEDAN DE AQUELLOS TIEMPOS, PERO EL ASUNTO ES QUE AQUÍ NACE EL APODO DE “CAPITÁN”. CONVERTIDO EN TIPÓGRAFO, CAPITÁN RAMOS LLEGA A LA EXCELENCIA, SIN MENOSCABO DE SU ESTRECHO VÍNCULO CON EL EQUIPO DE REDACCIÓN...
Para este tiempo nuestro querido Capitán entra en depresión que lo lleva a resolver sus penas con el alcohol, siendo la etapa más triste de su vida. Capitán termina su carrera profesional siempre viviendo al lado de su querida madre, ya que nunca se casó, ni tuvo descendencia. Habiendo superado su trauma, pasa los últimos años de su vida como todo jubilado, descansando y no sin dejar de leer, ni siquiera por un día, los “benditos” diarios.
Lo poco que me contó mi hermano Jorge, ahora adulto, fueron sus anécdotas con los insignes periodistas que trató y algunas de sus vivencias en este campo. Le interpreté su lealtad cuando los diarios de ERSA revirtieron a sus originales propietarios. Supo guardar distancia en momentos difíciles de su quehacer profesional, conservando el arte de ganarse el cariño de muchos.
Para dolor de todos tus hermanos y el resto de la familia Dawson se nos va Capitán. Querido hermano Jorge, allá en la Patria Celestial en la cual ahora disfrutas, sé que te honras del cariño del Señor. Jamás te olvidaré.