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Símbolos patrios o del amor por la patria


Era el día martes de la semana en curso. Arrancaba lo que, con mucho tino, hemos dado en llamar “El Mes de la Patria”. Ese día los diarios anunciaban que el Himno Nacional también tiene su día y que correspondía al primero de noviembre de cada año –Ley No. 71 de 11 de Noviembre de 1955- .

En las calles se advertía un cierto hervor festivo. No se si llamarlo fervor patriótico o entusiasmo por el descanso de los días subsiguientes. Lo cierto: había mucha algarabía en las personas. Ese día, transitando por la calle 50 me encuentro con unas chicas y chicos que, ufanamente, regalaban banderitas panameñas, nuestra bandera tricolor y algo más.

Sorpresa: junto a las banderitas te entregaban un volante en la que se anunciaba la cerveza Panamá. Al asomarse la joven a mi ventana, con todo el fervor patriótico que en mi forjaron mis maestros, entusiasta y con alegría reclamé mis banderitas, pero cuando me condicionaron la entrega de ellas a la colorida volante, sentí pesar y tristeza. Un cierto deje de melancolía se apoderó de mi. Recuerdo que llamé a mi hermano y amigo Ramiro y le hice el comentario de la experiencia vivida. A lo que él me responde: “¿Y es que acaso no has visto la propaganda de la cerveza en donde aparece un cierto declamador instando a vivir patriotismo y luego te exhiben la cerveza?”.

QUIEN NO SIENTE AMOR Y RESPETO POR LOS SÍMBOLOS PATRIOS, ES PORQUE NUNCA APRENDIÓ A RESPETARSE.

Cuidadoso de mi idioma y del significado de las palabras, le respondí: Bueno será acaso una mezcla de propaganda y de publicidad ya que por un lado tocan lo político –en el sentido de patriotismo- y por el otro publicitan el producto de la cerveza.

“Eso está fuera de todo orden Silvio”, ripostó Ramiro y coincidí plenamente con él. No puede ser cierto que nuestros símbolos patrios se usen a diestra y a siniestra, como si nada o ningún valor tuviesen para nosotros.

Los símbolos patrios son los fundamentales elementos identificativos de un Estado y traducen la historia, las principales vivencias de una nación y de cómo se forjó el espíritu nacional. Cuando se lucen o se portan, se exhiben o se muestran, ellos en sí son el más abreviado acopio de nuestra identidad y de nuestra historia.

Quien no siente amor y respeto por los símbolos patrios, es porque nunca aprendió a respetarse a sí mismo, a los suyos y menos a los demás.

Amar a la patria empieza por un credo de fervor que raya casi con lo religioso, lo espiritual.

Bueno, al final de cuentas, tras ruegos sinceros, la joven tuvo piedad de mi y me hizo entrega de dos banderitas, divorciadas de la volante etílica, que luzco en mi auto.

Abogado.