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Sin cambios


Es poco lo que ha cambiado en los centros de cumplimiento de menores en el país. Hace un año cinco menores infractores murieron quemados en un confuso incidente que fue captado en vivo y directo por algunos canales de televisión.

Todavía en el Ministerio Público se investiga a los policías y custodios que estaban presentes ese día. Una supuesta reyerta, provocada por las pésimas condiciones del Centro de Cumplimiento de Tocumen, terminó en un incendio que se extendió en algunas celdas ante el manejo irregular de la situación por parte de los agentes que vigilaban el lugar.

En ese momento todos las organizaciones de derechos humanos salieron a condenar la situación, calificada como grave por las propias autoridades.

Sin dejar a un lado que los menores que están recluidos en estos son centros han cometido toda clase de delitos, incluso hasta homicidios, son seres humanos y merecen un trato apegado a la ley. Los policías involucrados en el hecho podrían quedar en prisión, eso es algo que la justicia debe definir, sin embargo es también un asunto más complejo. El sistema de rehabilitación que ofrece el Estado es deficiente y carece de programas efectivos.

Los menores infractores, en muchos casos de alta peligrosidad, conviven con otros jóvenes que cometieron delitos menores. La relación entre estos menores puede ser dañina. Sin considerar las guerras entre pandillas juveniles que por lo general se trasladan a estos centros.

Es momento de hacer una revisión de los procedimientos dentro de estos penales, y clasificar mejor a los detenidos. Capacitar y entrenar a los custodios.

Cuando se registran hechos graves como el ocurrido en Tocumen es delicado hacer valoraciones condenatorias.