Sin causa de justificación
"La pena constituye un medio de prevención general, reinserción social y protección del detenido", entonces es menester del Estado garantizar el respeto de la vida e integridad de los reclusos pues estos están bajo su custodia. En ese sentido, el fin del régimen penitenciario es lograr la convivencia ordenada y pacífica; así como llevar a cabo con eficacia el tratamiento de readaptación social del condenado. ¡Sí! también sabemos que la delincuencia y la inseguridad son un dilema que menoscaban el intelecto del ser humano que la sufre, no obstante, consideramos que a estos jóvenes presas de las pandillas, de las presiones de grupo, de las malas influencias, se les debe corregir enérgicamente, pero dentro de un marco de resocialización, la cual es ficticia en los centros penales, por desinterés de los Gobiernos.
¿Cómo estigmatizar a este grupo social?, si vivimos en una sociedad sin principios, sin valores de responsabilidad, respeto, honestidad, etc. ¿A quién endilgarle la culpa? El problema de la delincuencia existe por una serie de factores que los políticos, y timadores de la democracia no se preocupan por identificar y sanear. Sin duda alguna, quien cometa un delito "sea quien sea", debe ser sancionado dentro del rigor de la justicia, por transgredir la ley, pero, de ahí a que se consienta que seres humanos sean calcinados sin el mínimo esfuerzo de los presentes de inmutarse a socorrerlos, es una animalada y sobre todo cuando es orquestada por nuestros prestatarios del orden público.
Esto es reprochable, todavía más que las vulneraciones a garantías constitucionales, como la presunción de inocencia y el libre tránsito por el “Pele Police”, e injustificable, pues los guardianes en los centros penales no deberán (según la ley), emplear la fuerza salvo en asuntos de legítima defensa -que no fue el caso-; para controlar y evitar evasiones -seguían encerrados los reos-; o para reducir su resistencia a una orden legal o reglamentaria impartida -lo que no amerita que se descarguen dos bombas lacrimógenas a una celda trancada con seres humanos dentro-. Apelamos a los buenos oficios de la Fiscalía encargada de esclarecer los hechos, para que pueda responsabilizar al culpable de esta atrocidad, pues a pesar de su estatus delincuencial, éstos como seres humanos que son, le son innatos una serie de facultades que como mortales con dignidad, se les debe respetar, sobre todo al estar vigilados por el Estado.
