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Sin control


La historia se repite cada día. Pareciera que en las cárceles de Panamá no hay autoridad y los detenidos hacen lo que mejor les parece. Desde traficar drogas y otros productos hasta planificar asaltos y secuestros.

En los penales hay armas de toda clase desde punzocortantes hasta armas de fuego. Resulta sorprendente que se registren balaceras dejando como resultado detenidos heridos y muertos. La situación es grave al punto que policías que fungen como custodios han sido retenidos por los presos solo para chantajear a las autoridades.

Algo está fallando en el sistema penitenciario, se ha perdido el respeto y los más beneficiados son los detenidos que se mueven y presionan a su estilo. Aunque en las cárceles no todos son de alta peligrosidad, resulta preocupante que los motines y las reyertas sean algo cotidiano.

Los detenidos quieren poner las reglas, prueba de ello es cuando se intentaban colocar los bloqueadores de celulares. Los reclusos convirtieron La Joya y La Joyita en un infierno. Hasta lograron destruir muchos de esos equipos.

En los centros penitenciarios hay personas que han violado las leyes, han cometido delitos de alto perfil desde robos, violaciones y asesinatos. La seguridad interna de los penales es vulnerable ni siquiera la policía entrenada para manejar situaciones de peligro ha logrado controlar la violencia.

Las pandillas criminales han llevado todo al límite y han logrado encontrar las debilidades del sistema, entre ellas la corrupción, para desarrollar sus actos delictivos.

En los centros de resocialización de los menores de edad la historia es igual o peor, menores delincuentes amparados por las leyes atentan todos los días contra el sistema. Las fugas son constantes y su perfil criminal cada vez es más alto. Es momento de ser serios y actuar con firmeza.