Sin control previo, ni control político
No nos referiremos únicamente a la discusión desatada por el tema de la supervisión a que deben estar sometidos los dineros del Estado panameño cuando son utilizados por los funcionarios públicos desde el más elevado hasta el más bajo de los niveles del engranaje gubernamental. Nos preocupa la contradicción entre promesas de campaña, obras y la falta de un Plan de Gobierno que en el jolgorio patrio de noviembre, pareciera se improvisa en la tamborera de llegada a cualquier ciudad o modesto pueblo. La reciente lección de Bocas del Toro pareciera no ser asimilada adecuadamente a estas alturas de la gestión gubernamental y un sinnúmero de promesas y compromisos surgen sin sustento económico propiciando más incredulidad que seguridad en la población de que los mismos se cumplan. Trece mil millones de presupuesto para el 2011, Mil millones para Colón, Mil seiscientos millones para el metro, una Torre Financiera o de Babel de 300 metros de altura y a un costo de doscientos millones de dólares según sea el caso, son entre otras las “modestas” propuestas gubernamentales que parecieran no compadecerse con las tribulaciones presupuestarias y la deuda externa, que será impagable, para a duras penas cumplir con los B/50.00 prometidos a los jubilados y que se parcelan en su entrega hasta el año 2013, pasando por quitarle el subsidio electoral a los Partidos Políticos.
Sin el “optimismo rampante” al que ya no hemos referido y que procura llevar a los panameños a la “cima del cielo”, los panameños reclaman pleno empleo, educación, seguridad social y ciudadana más que escalar a “ratings” alejados de su cruda y desesperada realidad social. De lo que se trata es que cumplamos con humildad, modestia y metas alcanzables los primeros 25 años de vida democrática del siglo 21.
El panameño humilde y de a pie ve pasar ante sus ojos el desfile de cifras millonarias sin poder comprender como no le llegan más que en el papel periódico que se anuncian, chocando con su angustiosa realidad y generando el morbo que resulta paradójico al “slogan” de campaña que dice “entran limpios y salen millonarios” ¿y cómo saldrán ahora? La adenda presidencial no es congruente con la realidad nacional y menos con la velocidad de las promesas lo que podría degenerar en nuevos callejones sin salida al ya conocido bolsón de aspiraciones postergadas de los panameños. Llamo la atención a la necesidad de que los Partidos Políticos que dicen integrar la Alianza de Gobierno, asuman con responsabilidad el replantearse un programa mínimo de acción gubernamental sin comprometer la delicada situación de nuestra economía doméstica subsidiada, dependiente y susceptible de espasmos depresivos al menor resfrío del contexto norteamericano y regional. El país exige menos candilejas y más responsabilidad. El “gobierno del cambio” no puede empeñar el futuro de las próximas generaciones con proyectos que no garanticen empleo masivo y duradero sobre todo a las capas medias y populares cada día más castigadas por la exacción fiscal que como un “karma” han ensayado todos los gobiernos democráticos de 1990 a la fecha para hacer posible medianamente sus “obras de gobierno”. El país requiere un mayor control previo, pero de las emociones, los humores y las improvisaciones, requiere de los Partidos de la Alianza de Gobierno, el asumir con la responsabilidad que les compete su espacio real en la conducción de la política general del gobierno, con propuestas cónsonas con la realidad social del país, que cristalicen en mejores condiciones de vida para todos los panameños, que los liberen de la desesperanza y la marginación, necesitamos Partidos que no se agoten simplemente en la formalidad de una alianza electoral si no que expresen criterios para el debate y no ser simplemente peones de turno y uso al mejor postor. Control político es lo indicado.
