Sin debate de ideas, tocaremos fondo
Recuerdo la antigua Democracia Cristiana en Panamá. Había un concepto de comité de base que podría parecer más propio de los sectores socialistas y comunistas de otra época, pero en realidad, su principio básico iba enfocado a promover la democracia y cultivarla.
Estos comités de base no funcionaban necesariamente por distritos o corregimientos. Ni siquiera por barrios. Eran pequeños grupos de entre 10 y 15 personas que podían ser de un edificio, una calle, un lugar de trabajo o, sencillamente, de alguna comunidad filial que les permitiera discutir ideas.
Y esto último, la discusión de ideas, era lo más bonito de la iniciativa. De esto se originaban las exigencias a los posibles líderes que intervendrían en la toma de decisiones partidarias y a su vez, en las políticas públicas, una vez se llegara al gobierno de la nación.
¿Fracasaron? No. La Democracia Cristiana nunca fue un partido de masas. Ni siquiera llegó a tener más de 75 mil inscritos nunca, pero su peso político durante décadas era evidente.
Desde 1990, ningún gobierno ha dejado de tener algún ministro que haya pasado por las filas de esa agrupación política en algún momento.
Algo similar pasaba con los grupos de izquierda de las décadas del 50 y 60 aglutinados en el Frente Patriótico y su derivado el Movimiento de Liberación Nacional. Esta fue la cantera de centro-izquierda de la cual se nutre el proceso revolucionario de los militares, cuando lo encabezaba el general Omar Torrijos.
Grandes intelectuales y prominentes analistas políticos, aún hoy día, aportan al acontecer nacional, gracias a esta organización de pequeños núcleos de discusión política, sin otra idea que la de aportar a la discusión de los grandes temas del país.
La falta de discusión política nos ha sumido en la superficialidad. Y esto último se puede notar en muchos medios de comunicación, en los que entre los que emiten y los que reciben se generan mensajes tan poco profundos que nunca se llega a ninguna idea útil para el país, con la consecuencia irremediable de que todo sigue igual, o peor.
El facilismo, la viveza y la posibilidad de vivir de las limosnas gubernamentales, mejor conocidas como subsidios estatales, son las consecuencias de la falta de discusión política, de entregar a quienes, por medio de la corrupción, aprovechan a un país ávido de publicidad engañosa y falsos profetas que nos engañan cada torneo electoral con promesas que no pueden cumplir.
Hemos llegado al punto en que los políticos ya no solamente incumplen su palabra empeñada antes de cada votación. Ya cuando llegan al gobierno informan sin ningún reparo que olvidemos sus promesas porque nos las piensan honrar. Y con excusas absurdas y sin fondo, nos dan cualquier explicación ligera.
Es traición a la Patria. Así de sencillo. Pero como no se discute, no pasa nada. No interesa. Es mejor escuchar programas de chistes en la radio, ver programas de bochinches y chabacanería en televisión y leer notas ligeras de la vida de personas que nadie conoce y se autodenominan "famosas".
Les paso el caso de los pocos programas de análisis y debate de la televisión. Su audiencia es mínima. Pueden ser emitidos a cualquier hora y no hay diferencia. Hasta cierto programa de boxeo, cuyo presentador se dedica a menesteres políticos de un tiempo para acá, ha caído a niveles históricos de audiencias mínimas.
Creo que hay una culpa clara en los líderes de los partidos políticos al haber acabado con los núcleos de discusión y aporte.
Como la idea ahora es controlar los partidos como franquicias que estarán disponibles al mejor postor en las siguientes elecciones, lo que no se quiere es gente con opinión ni mucho menos con ideas. Y si estas son buenas, peor. Ni hablar.
Puede ser que estemos ante el final del sistema democrático tal como lo conocemos. Creo que hemos llegado a un punto donde las cosas van a comenzar de cero. No creo que sea inmediatamente, pero ya estamos muy cerca del fondo, de donde solo quedará llegar a él y preguntarnos cómo salir de ahí.
Espero que esto demore mucho tiempo más. Pero creo que es irremediable. En las próximas elecciones pasará lo mismo de las últimas: escogeremos al menos malo para evitar que repita el que ya está.
Así no hay país que lo resista. Nuestra suerte ha sido que los vecinos están peor que nosotros, por ahora. Eso está por cambiar y nosotros seguimos abusando de nuestra suerte. Rápidamente, se acaba el tiempo. O surge un liderazgo democrático que lidere un cambio real, o esto nos va a llevar a un lugar que no queremos conocer.
Ingeniero-Estratega-Consultor Político