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Sin liderazgo


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Cada vez más la opinión pública conoce los signos exteriores de la descomposición que corroe al Partido Panameñista. Dirigentes políticos de peso específico como la expresidenta de la República Mireya Moscoso, el vicepresidente del partido, Alberto Vallarino y elementos prestigiosos de la vieja guardia panameñista exponen en forma mesurada su desconexión y disconformidad con la línea política del candidato presidencial Juan Carlos Varela.

Las objeciones coinciden en señalar que el candidato ha optado profundizar las diferencias estratégicas internas y no trabajar en la unidad del partido. En esa perspectiva se aprecia que Varela ha montado un tinglado de naturaleza personalista en el que solamente él imparte órdenes, no existe discusión, prescinde de los puntos de vista de las personalidades más conspicuas del partido, y se apoya en un rebaño de incondicionales sin magnetismo electoral. Las elecciones primarias para definir la candidatura presidencial fue, según sus detractores, una muestra elocuente del monopolio de la facción que encabeza.

Ante la constancia pública de los desaciertos, los disidentes comprueban que el proceso puesto en marcha delata que el candidato los ha separado virtualmente, no que ellos se marginan del Panameñismo. Se trata de un cisma incubado por la separación de hecho entre los panameñistas con capacidad de raciocinio y los panameñistas que se limitan a la sumisión incondicional a sus órdenes. Frente al divisionismo provocado por la ausencia de convocatoria, los sectores históricos del panameñismo temen con fundamento que el fraccionalismo varelista arroje resultados mínimos que menoscaben la presencia del partido en las elecciones del año 2014.

¿Podrán evitar el descalabro electoral? ¿Modificará Varela la segregación política que carcome la unidad del Panameñismo? El quid del asunto es que los panameñistas se enfrentan a hechos producidos en la praxis política que solo podrían llevarse a cabo con un cambio radical de ciento ochenta grados que ponga en la balanza de lo positivo y lo negativo la permanencia de una candidatura agujereada o acuerdos electorales realistas que sustenten la prioridad número uno, que es la digna subsistencia del partido fundado por Arnulfo Arias. Tal es la envergadura de las decisiones que deberá asumir el panameñismo tarde o temprano.

Por lo que se observa, la dimensión del desafío no provoca la paralización ni el abstencionismo de los que se preocupan por los desaciertos de la dirección política. Por el contrario, se movilizan a la búsqueda de fórmulas que, pese a los plazos inexorables del sufragio, puedan rescatar la unidad del Panameñismo, pero no en torno a personas, sino sobre la base de principios y programas. Es cierto que en anteriores épocas, el Panameñismo sobrevivió a los contratiempos y riesgos por la fuerza carismática de la personalidad del doctor Arnulfo Arias Madrid. Sin embargo, la unidad del partido podría conservarse si el personalismo guabinoso desapareciera ante las evidencias negativas del menoscabo electoral. El reto se plantea en términos y plazos que se estrechan cada día.

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Viernes 14 de agosto de 2026