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Sin respaldo


REDACCION / PANAMA AMERICA

Con la fuerza devastadora del bumerán, las elecciones primarias del panameñismo pusieron un machete al cuello del candidato presidencial Juan Carlos Varela, minimizando y no maximizando el respaldo de los correligionarios. Fue la más triste, la más aburrida, la más pobre de las competencias internas de la historia del partido político más antiguo del país.

Mesas vacías, más votos sin uso que usados, ralos votantes de una vieja guardia que añora las candentes jornadas de Arnulfo Arias Madrid, a muchos años luz de distancia sideral del desteñido discípulo.

Cuando el 75% de la membresía le quita el cuerpo al candidato a la jefatura del Estado, se está iniciando el proceso del desmoronamiento que puede llevar al desquiciamiento total, a menos que resurjan enérgicamente factores de reserva en manos de la dirigencia histórica o elementos de una nueva generación decepcionada por el manejo personalista del partido.

Después de lo acontecido, los panameñistas tienen sobre los hombros la responsabilidad de actuar en defensa de la supervivencia del partido. La alta abstención demuestra que la crisis va por dentro. Porque si a Arnulfo no lo dejaron gobernar, pese al caudal de los votos propios, Juan Carlos podría petrificarse como alguien al que no puede permitirse que gobierne, dada la desdeñosa desconfianza expuesta ante su candidatura por los miembros de su partido.

Con la menguada votación del 25%, Varela tiene opciones mínimas para negociar la candidatura presidencial, por ejemplo, en una hipotética alianza política con el PRD. Los panameñistas, que analizan la difícil situación, están muy claros en concordar que es el resultado de un conjunto de factores negativos protagonizados por Varela, factores que llegaron a la sublimidad del ventajismo al montar la escenografía de la candidatura única, con la argucia de dos humildes competidores seleccionados para que no compitieran.

Ante el completo dominio de la maquinaria electoral manipulada desde la cumbre, no hubo panameñista de envergadura política que se arriesgara a hacer el ridículo si todo estuvo orquestado para una aparatosa derrota de los contrincantes. Solo en los regímenes totalitarios se puede ganar una elección con el 99% de los votos.

Esta clase de monopolios personalistas está generando el descrédito de las primarias, creadas precisamente para lo contrario, instaurar una democracia abierta en la que la militancia pueda competir de igual a igual a la hora de seleccionar, mediante el voto secreto, a los aspirantes a los cargos del Ejecutivo y el Legislativo.

Por ese camino de favoritismo y manipulación las elecciones primarias se irán al abismo. Sin competitividad, sin mecanismos que balanceen realmente las oportunidades de todos los aspirantes, sin la presencia de una democracia participativa, puede concluirse que se está tergiversando el fondo de la consulta.

Ante el espectáculo cada vez más bochornoso de la perversión de las mal llamadas primarias, los militantes inscritos de ciertos partidos se niegan a votar como una respuesta fulminante a la trama del engaño político. Sienten que se ultraja su inteligencia, y prefirieron quedarse en sus hogares por la falsedad política.

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Viernes 14 de agosto de 2026