Sin respeto
Es contradictorio. Los líderes políticos reconocen que el país demanda más educación para combatir la pobreza y reforzar los valores para contrarrestar el crecimiento de las pandillas. Sin embargo, la realidad del país refleja que los cambios deben empezar en esos mismos personajes que hablan de mejorar el país. Es triste y vergonzoso observar a diario cómo se insultan y se lanzan acusaciones para ganar protagonismo ante la sociedad.
La Asamblea Nacional es el mejor ejemplo. Los conflictos políticos y las diferencias personales de muchos diputados son trasladadas al Pleno.
Sus discursos pasan de ser parlamentarios a ofensivos, olvidándose del fondo de los proyectos que discuten. Sería injusto incluir a todos los diputados, pero lamentablemente el mensaje que envían a la sociedad es negativo.
La imagen de la Asamblea siempre ha estado bajo fuertes críticas, precisamente por la forma en que se manejan muchos temas.
Es un problema histórico que golpea la imagen de este Órgano del Estado. Elevar el nivel de los debates, sin caer en las agresiones verbales ni físicas, sería lo ideal.
A nadie beneficia esa clase de actitudes, por lo contrario, le restan credibilidad y seriedad a su investidura.
Los electores deben tener presente cada uno de estos episodios para que al momento de ejercer su derecho al voto prevalezca la capacidad por encima de la polémica.
Muchos de los malos políticos, esos que viven gritando y denunciado sin pruebas, han estado enquistados en sus puestos por muchos años. En sus comunidades los vuelven a elegir una y otra vez, a pesar de que no están conformes con su trabajo.
En la medida que se escojan a los mejores, así mismo crecerá el país.
