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Sindicalistas o mercaderes


Antes que nada, quiero elucidar que conozco a sindicalistas honestos que independientemente de las confusiones ideológicas que en mi humilde opinión remolcan, realizan una labor plausible y poco reconocida orientando al trabajador. Los abusos empresariales existen, no cabe duda.

Sin embargo, innumerables sindicalistas de base realizan un trabajo irrefutable verdaderamente válido. No son los gremialistas que prosperan en sus organizaciones, muy al contrario. Quienes escalan jerárquicamente suelen ser los que persiguen las horas de fuero sindical y beneficios, para simple y llanamente trabajar poco o nada. Son aquellos que tienen más aspiraciones políticas que solidarias, Los que no defienden al colegiado como individuo, sino más bien en función de amiguismos y a qué partido político perteneces, y partiendo de esa premisa se le imprime o no celeridad a los procesos, que por cierto, son muy selectivos a la hora de defender o solicitar aumentos de estipendios y canonjías para sus agremiados.

Hay sindicatos panameños que son democráticos, y otros que son burocráticos, hay gremios criollos que son combativos y algunos que son políticos. Me contaba un sindicalista en cierta ocasión, después de atender a una obrera que buscaba ayuda de la organización, por el despido de la empresa, ella, refiriéndose a la liquidada o mejor dicho botada, en sus años de trabajo en esta empresa a nuestra organización le ha tributado un exiguo porcentaje comparado con lo que cobra el abogado por su defensa. Le pregunté: ¿cuánto cuesta su proceso? Tratando de precisar mi curiosidad, a lo que me respondió: aproximadamente, mil quinientos balboas; ¡mucho dinero!, dice el sindicalista, que pasaría mucho tiempo para recuperarlos, ¡no es rentable defenderla!, replicó el gremialista.

El sindicalismo surge como una fuerza marxista, beligerante e independiente, pero pronto bajo regímenes retrógrados, comienza a desvirtuarse con elementos inoculados, proclives con el gobierno de turno o el empresario. De otro lado, el hecho de que se hayan organizado sindicatos y negociado convenciones colectivas no necesariamente significa que los trabajadores tengan ahora más participación en la toma de decisiones o que estén mejor protegidos. Hemos observado cómo algunos sindicatos o mejor dicho “sindicalistas mercaderes” han impuesto estilos de funcionamiento arbitrarios, deletéreos y antidemocráticos en contra de los mejores intereses de los trabajadores que dicen representar, a pesar de que, por lo general, el estatuto ni siquiera reconoce la necesidad de celebrar asambleas periódicas. Lo que se debe evaluar es la ausencia de democracia sindical; pecado es hablar de sus finanzas… son su mayor enigma.

Un sindicalismo burocrático cuyas decisiones fundamentales no las toman los trabajadores, sino la cúpula pérfida en pactos de almuerzos en restaurantes de hoteles, y oficinas refrigeradas, no puede responder a las necesidades reales de los trabajadores en Panamá. Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena.

Mahatma Gandhi

*El autor es invidente