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Siria en la mira

Por: Redacción 01/09/2013

REDACCION / PANAMA AMERICA

Desde bases establecidas en países vecinos de Siria, Estados Unidos está preparado para desencadenar una oleada de ataques aéreos contra objetivos estratégicos de bastiones del dictador Bachar al- Asad. En la base aérea de Incirlik, Turquía, aviones de la OTAN aguardan la orden. En la isla Diego García, dominio británico, a más de 6 mil kilómetros de Damasco, está listo un número de bombarderos Stratofortress B-52H armados con misiles crucero AGM- 129. En Jordania, la fuerza aérea norteamericana posicionó un escuadrón de aviones F-16, lanzamisiles antiaéreos Patriot y una unidad de operación logística de mil miembros en la base aérea de Muwaffaq Salti. En la base aérea Al Ubeid de Qatar están listos bombarderos B-18 y jets furtivos de combate Raptor F-22. En Al Dhafra de los Emiratos Árabes, Francia tiene 5 aviones de combate Rafale. ¿Están preparadas las fuerzas aéreas de Siria para repeler ataques de última tecnología de Estados Unidos?

No existe, sin embargo, certidumbre real sobre la instrumentación de la ofensiva aérea planificada. Las decisiones finales dependerán del informe de los expertos en armas químicas de la ONU. Si el informe responsabilizara al régimen de Bachar al-Asad de la utilización de gases tóxicos contra la población civil, Estados Unidos podría arriesgarse a lanzar la ofensiva aérea. Pero si el informe recae sobre las fuerzas rebeldes, perdería fuerza la intervención militar unilateral de EEUU, sin respaldo del Consejo de Seguridad por el veto de la Federación Rusa y la República Popular de China. La suspensión de los ataques podría fortalecer la reanudación de la vía diplomática apadrinada por la ONU. Diplomáticos y estrategas occidentales están convencidos que Bachar al-Assad solo abandonará el poder que su familia detenta desde hace 40 años, en una fría mesa de negociaciones. Consideran, en cambio, que después de soportar los efectos contundentes de acciones militares, se sentaría a negociar una salida que permita el exilio de los clanes gobernantes.

Ahora por el supuesto uso de armas químicas; antes por constituir una plataforma de aprovisionamiento de armas a organizaciones terroristas como Hezbolá del Líbano y Hamas de Palestina, el régimen dinástico sirio afronta uno de los periodos más críticos en su casi medio siglo de vigencia política. La rebelión interna ha cuarteado su imagen de autosuficiencia estratégica. Los rebeldes ocupan posiciones territoriales en las inmediaciones de Damasco. Pero lo que pone al régimen al borde de su eliminación es la acusación de lanzar gas sarín que causa la muerte por inhalación en un tiempo máximo de diez minutos, después de la exposición. El Ejército sirio recibe órdenes para exterminar a los rebeldes, como si se tratara de combatientes extranjeros. La ferocidad de la lucha ha rebasado hace tiempo los límites de la crueldad genocida. Aunque por motivos de política interna en algunos países, como Inglaterra, no obtiene apoyo la intervención nacional en la coalición contra Siria, el régimen de Bachar al-Asad ha perdido la guerra de la imagen internacional por sus violaciones a los derechos humanos durante los dos años y medio del desencadenamiento de la guerra civil que ha provocado el éxodo de cerca de un millón de personas que residen en zonas fronterizas en medio de privaciones calamitosas.

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