Siria y la pérdida de hegemonía de EE.UU.
Se ha escrito mucho sobre la pérdida de hegemonía de Estados Unidos durante el presente, finales del siglo XX y en este siglo XXI, pero como el águila herida esta se resiste a morir. También han sido muchos los pronósticos de que antes de que la misma desaparezca, Estados Unidos causará mucho daño en el exterior. El poder hegemónico de Estados Unidos ha sido retado por naciones poderosas como Rusia, China y otras potencias emergentes cuyo comercio mundial ha logrado posicionarse entre los primeros lugares a nivel internacional. Sus economías, con sus lógicas fluctuaciones, son capaces de soportar y amenazar el dominio imperial de Estados Unidos. Como respuesta y amenaza por haberse acabado su predominio unipolar, el imperio recurre una vez más a la guerra y a la diplomacia beligerante para tratar de mantener su dominio geopolítico de aquellos espacios territoriales que les son imprescindibles. Así ha sucedido en el Medio Oriente.
Actualmente se libra una guerra civil en Siria entre "grupos rebeldes" y el gobierno del presidente sirio, Bachar al Asad. En marzo de 2011, estallaron protestas contra las políticas del gobierno del presidente sirio, Bachar al Asad. Estas protestas desembocaron en una guerra civil a gran escala entre las fuerzas gubernamentales y la oposición armada. Esta guerra ha tenido un impacto internacional, involucrando varios países como Rusia, Irán, Estados Unidos, la Unión Europea y los combatientes del Hezbolá libanés. Esta crisis responde a disputas de poder en los ámbitos regional y global, especialmente en este último por el transporte de petróleo y gas natural. La batalla por la energía en Siria se debe a su posición geográfica a orilla del Mediterráneo y su potencial como "corredor" hacia Europa. En este escenario bélico, Rusia apoya con poderosa armas a las fuerzas gubernamentales, mientras que Estados Unidos respalda militarmente a los grupos rebeldes. Este apoyo militar ha traído como consecuencia un debilitamiento en las relaciones bilaterales entre ambos países. Estados Unidos no ha podido derrotar militarmente ni de forma diplomática al Gobierno sirio. Al no poder derrocar su presidente, no ha podido instalar un gobierno títere, cuyos intereses estén subordinado a sus políticas. La impotencia de Estados Unidos en la crisis siria exhibe una debilidad que anuncia el fin de la hegemonía.
El pasado 7 de abril de 2017, Estados Unidos lanzó 59 misiles Tomahawk contra la base aérea del Ejército sirio de Shayrat, en la provincia de Homs. El presidente Trump justificó este ataque alegando que desde esa base militar habían despegado los aviones que lanzaron gases químicos contra la población de Jan Sheijun, en la provincial de Idlib, bajo control de fuerzas rebeldes. El Gobierno sirio y sus aliados, como Rusia, han dicho que no se quedarán con los brazos cruzados. ¿Será este episodio un preludio de una catástrofe bélica mundial o parte de una secuela de eventos que debiliten más al imperio de Estados Unidos?
Docente universitario jubilado.