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Sistema acusatorio: ¿garantías o esclavitud?

Por: Redacción 24/02/2017

No han sido pocas las veces que fiscales, jueces de garantías, secretarios, jueces de cumplimiento y otros integrantes del sistema judicial, que hace estancia en la cuestión procesal acusatoria, se me han acercado y presentado múltiples quejas que, en lo medular, podríamos resumir de la siguiente manera: 1. No tienen vida propia. 2. No tienen descansos. 3.El sistema les exige, conforme se presenten los casos, laborar o funcionar 24 horas al día –cuando están de turno- o 7 días a la semana. Esa disponibilidad de estos funcionarios, en buen decir panameño, les tiene la vida hecha añicos, trizas. Las quejas, por otra parte, obviamente, descartan toda posibilidad, por parte de esos funcionarios, de hacer vida familiar, social, ejercitar el derecho a recrearse, en fin. No existe para ellos el "fin de semana". Hace pocos días, encontrándome en una serie de audiencias, propias al sistema de corte acusatorio, empecé una audiencia con un juez de garantías, luego otra, y para mi sorpresa, al caer la tarde realizaba otra audiencia ante un juez de cumplimiento. Serían ya pasadas las 6:00 p.m. y quedé casi estupefacto al encontrarme en los pasillos de los tribunales al juzgador ante quien habíamos realizado la primera audiencia al iniciarse ese día.

Recuerdo haberle dicho a ese muy respetable juez: "Oiga, ¿usted qué hace aquí?", y su respuesta, en grado de aceptación y hasta de cierta complacencia por estar cumpliendo a satisfacción sus deberes, fue la siguiente: Y qué se le va a hacer, doctor, hay que cumplir con el trabajo". Ese mismo día, el juez de cumplimento con quien intercambié unas muy breves palabras, en aras de conocer cómo está caminando o desarrollándose el sistema acusatorio, hasta sintiéndose orgulloso de su misión, también me expresó que en ocasiones, estando en su casa, durmiendo, era solicitado, llamado, a altas horas de la madrugada para atender cuestiones propias a su competencia. No pocos fiscales, del mismo modo, ya me han advertido esta situación: el sistema los absorbe, y al igual que los jueces, los tiene total y absolutamente tragados. Les ha quitado el derecho a ser, simple y sencillamente, personas, seres humanos. De esta bochornosa situación no escapan, del mismo modo, los defensores de oficio que tienen que atender el cúmulo o el torrente de casos en los que los investigados, imputados o acusados, no disponen, simple y sencillamente, de un defensor privado o particular.

Las altas autoridades del Ministerio Público y las del Órgano Judicial, desde luego, son los llamados a resolver y poner coto a esta situación. El Ejecutivo tiene que tomar conciencia de ello. En ese discurrir, sin duda alguna, salta una cuestión importante: Tienen que dotar de los recursos económicos propicios al sistema de corte acusatorio, a efectos de que quienes ya están trabajando en dicho sistema lo sigan haciendo, pero sin que se les coarte el derecho al descanso debido, al reposo, a la vida familiar y social, a la recreación, etc. O que, amén de lo anterior, cuando tengan que intervenir en causas penales cuya atención amerita, conforme a las circunstancias, que sean atendidas luego de la jornada diurna, lo hagan de tal manera, en turnos, que no traduzcan un desempeño extraordinario de labores, como es el caso del juzgador que refiero en este artículo, y como él todos los demás, cuya jornada ya excedía, con creces, las 10 horas de arduo trabajo.

Y qué decir, en lo que respecta al sueldo. ¿Acaso no tienen derecho a aspirar a que se les reconozca un excedente o bonificación cuando el trabajo se extiende a las jornadas nocturnas o mixtas? ¿Ese esfuerzo no demandaría, acaso, que se les retribuya económicamente? Otra solución sería que se nombren a más jueces de garantías, más jueces de cumplimiento, más fiscales, más secretarios, también más defensores de oficio, de modo tal que cada uno de estos funcionarios, igual con el personal subalterno, funcionen o laboren, como corresponde en estricto derecho, la jornada de trabajo que, constitucional y legalmente, se prevé: entre siete u ocho horas de labores, no más.

Abogado

 

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