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Sistema democrático, en peligro por falta de educación

Por: Redacción 28/08/2014

El peor daño que hizo la dictadura militar a nuestro país fue la descomposición de las estructuras democráticas. Nuestros partidos políticos nacieron casi todos mal. Salvo el Partido Demócrata Cristiano y el Partido del Pueblo, ambos desaparecidos, en Panamá las organizaciones políticas son ideológicamente difíciles de identificar por parte del elector. El partido del cántaro, de las culebritas, de la campana, del gallo, etc. Lo mejor ha sido identificar a los partidos con símbolos locales que no dicen nada de su esencia como tales.

Así las cosas, lo sencillo ha sido crear partidos políticos desde el poder. Por eso, hoy el Partido Revolucionario Democrático (PRD) es uno de los más grandes del país, a pesar de sus sucesivas crisis internas, que lo aquejan recientemente. El Partido Panameñista también se inscribió desde el poder. Con cambios en su nombre, nunca ha quedado claro cuál es su origen ideológico, más allá de un eufemismo que nadie conoce actualmente llamado “arnulfismo”, muy lejano de la doctrina de centro izquierda que profesaba el Dr. Arnulfo Arias. Ni hablar del Partido Cambio Democrático, que también es un partido creado en el poder, aunque en esa ocasión lo fue en alianza.

Es curioso identificar el caso de los otros dos partidos pequeños. Desde 1990, la Democracia Cristiana y su heredero político, el Partido Popular, han participado de 3 periodos de gobierno. El Molirena, que en teoría recoge las facciones liberales y republicanas históricas, también ha estado en 3 periodos gubernamentales. Curiosamente, tienen la misma cantidad de tiempo compartiendo responsabilidades de gobierno que los partidos grandes, o incluso más que el propio PRD.

Quizás esto signifique que los partidos políticos no necesitan un contenido ideológico ni programático para ser exitosos en Panamá. Independientemente del partido, no ha sido un problema si se apoya a un líder político en una elección y luego al contrario en la siguiente. Los panameños seguimos apostando a ganador, así sea, como lo demostró la última elección, que tenga que esperar hasta el último momento para ver por dónde es que sopla el viento.

Entonces, es muy probable que el problema sea que los ciudadanos de este país no tenemos la más remota idea del concepto democracia. No conocemos el rol de los partidos políticos más allá de ser maquinarias electorales y de colocación de empleo. Tal vez nos resistimos a la idea de estudiar a fondo qué nos proponen, y preferimos que nos cuenten dónde está lo mío, cuánto me toca a mí, cómo me van a ayudar, etc.

LA CORRUPCIÓN NO SE COMBATE CON COMUNICADOS NI REUNIONES DE RECÁMARA. SE COMBATE CON EDUCACIÓN CIUDADANA. ESTO ES LO QUE HAY QUE EXIGIR. DE OTRO MODO, TODO ES INÚTIL Y PASAJERO. EL SISTEMA DEBE REPLANTEARSE COMPLETAMENTE Y AHORA.

Los constantes cierres de calles y las manifestaciones en las que directamente piden que se presente el presidente de la República para resolver problemas municipales o comunales son prueba de que nuestra sociedad ha sido lanzada a vivir un modelo democrático que desconoce.

El resultado lo podemos ver todos los días. Diputados elegidos que, cuando uno los ve actuar, no puede creer que hayan sido electos. Ni hablar de alcaldes y representantes de corregimiento impresentables, que tienen todo tipo de acusaciones y son elegidos una y otra vez. Incluso ya vemos cómo, en muchos casos, se ha vuelto a la práctica de la patria boba, la cual consistía en hacer de las circunscripciones electorales una especie de feudos o fincas familiares, dirigidas para siempre por los políticos feudales.

Está de más aclarar que todo esto se inicia en el momento que nunca se pensó que la democracia había que enseñarla, sobre todo a una sociedad que nunca la vivió plenamente. La Alemania de la posguerra invirtió millones y millones de dólares en recursos para crear un ambiente propicio para el florecimiento del sistema democrático. A cada partido político se le armó con los recursos hasta hoy para dicho fin, a través de fundaciones cuya misión era mantener una educación democrática permanente para el pueblo alemán, y en especial para los miembros y militantes de las organizaciones políticas.

No tengo ninguna duda de que el recurso económico que provee el Tribunal Electoral de Panamá para los partidos políticos es la peor inversión del Estado, tal cual como se hace ahora. Los recursos existen, pero mientras no exista voluntad política para darle la vuelta a un sistema pervertido y corrupto, todas las adecuaciones al Código Electoral no serán otra cosa que meros remiendos de un entuerto que nunca debió ser tal.

No se puede seguir siendo cómplice de esto. La corrupción no se combate con comunicados ni reuniones de recámara. Se combate con educación ciudadana. Esto es lo que hay que exigir. De otro modo, todo es inútil y pasajero. El sistema debe replantearse completamente y ahora.

 

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Viernes 7 de agosto de 2026