default

Sistema financiero y la lucha contra la corrupción

Por: Redacción 15/06/2015

Recién en Madrid, España, se realizó un encuentro sobre economía y corrupción, en el que economistas y empresarios alertaron sobre los peligros, no solo para la democracia, el Estado de derecho, sino para el propio sistema económico y el manejo financiero del mismo.

Igualmente, la Universidad de Notre Dame acaba de sacar a la luz pública una encuesta sobre la calidad ética del mundo financiero de Londres y los Estados Unidos, y entre sus conclusiones resalta que desde la crisis de 2008 ha venido a peor y llega a sostener que el afán de hacer y ganar dinero puede llevar a su plantilla de empleados a valerse de medios ilegales.

En ese sentido, el propio sistema y los gobernantes han puesto en marcha una serie de medidas para evitar que se den tales irregularidades, incluyendo jugosos pagos para que los altos ejecutivos de los bancos u otras empresas similares pongan en conocimiento una comisión de actos ilegales.

Recién otro organismo internacional señaló que el gran escándalo de corrupción dentro de la Fifa, investigado por la procuradora de los Estados Unidos, se dio en contubernio con entidades bancarias, que también vienen siendo objeto de investigación.

Como podemos observar, el propio sistema financiero ha llegado a la conclusión de que hay que evitar la corrupción a cambio de conjurar eventuales crisis como la de 2008, que dio lugar a una esquizofrenia especulativa en torno a la actividad hipotecaria, que llevó a la economía mundial a una crisis, en la que la tabla de salvación les vino del Estado para evitar la quiebra de grandes bancos.

Hoy el sistema bancario regional y plazas como la nuestra, que han logrado construir un centro financiero atractivo, tienen que conducirse con controles rigurosos y no servir de receptores de sumas millonarias adquiridas ilícitamente. La ecuación es sencilla, los sistemas bancarios y financieros no pueden permitir que en su torrente sanguíneo entren a circular sumas astronómicas de dineros malhabidos, es decir, de fuentes ilegales, ya que tal manejo incorporado al sistema puede generar serias crisis de devaluación, dado el carácter artificial y dudoso de dichos recursos.

Así como en los Estados Unidos, Alemania, Francia y Londres, ante una alerta roja de un mundo financiero y bancario, por malos manejos, sus Estados tuvieron que intervenir drásticamente y acudir al auxilio de sus grandes bancos para que su crisis no surcara los embates de un tsunami e imponer medidas de mayor control y fiscalización; hoy en gran parte de la región de Latinoamérica, donde las aguas sucias de la corrupción salen a flote y sumergen a un sinnúmero de países, no se trata solamente de limpiar los Estados de estas garrapatas, sino estar vigilantes para evitar que el robo de los dineros del pueblo vaya a parar a las bóvedas del sistema bancario, rompiendo cuanto control y reglamentación había o existen para evitar que tales bribones se sirvieran de los mismos para introducir lo malhabido al sistema y cursara la pantomima de dinero lícito.

Esto de la corrupción es más grave de lo que se piensa y se escribe. Es un fenómeno que afecta a todo el sistema y su funcionamiento.

Lamentablemente, esos dineros malhabidos se desplazan y son corredizos frente a unas autoridades de investigación que no estaban preparadas para esta montaña de denuncias relacionadas con enriquecimiento ilícito, lavado de dinero, peculado, etc. Me pregunto, acaso algunos o muchos de esos empleados que no guardaron el celo necesario para evitar que le colocaran sumas millonarias sin la debida justificación, por omisión, también deben responder ante la justicia. Pusieron en peligro lo que costó décadas en construir: nuestro sistema financiero.

Estamos en un momento de nuestra historia, al igual que en otros países, en el que la justicia se juega su razón de ser. Admiro la resolución con que el pueblo guatemalteco se viene movilizando contra la corrupción. Hagamos buena aquella frase que se acuñó en el Perú: "Que caiga quien tiene que caer". Ciudadanos, a la carga.

Edición Impresa

Viernes 31 de julio de 2026

Más leídas