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Sistema Penitenciario y la realidad de las cavernas carcelarias de Panamá

Por: Redacción 15/12/2016

 

 

 

"Te acercaste tanto a la vela que su resplandor encegueció los ojos que Dios te obsequió para mirar a los seres humanos con respeto y garantizar su dignidad".

 

 

Llovía copiosamente esa tarde como si la desolación por la que atraviesan los internos en sus pabellones, aislados por esos pasillos fríos y apretujados, no fuese suficiente motivación para deprimirse, deseando estar en cualquier lugar del mundo y quizás mejor si fuese solo, porque la soledad de la cárcel es traicionera. Se está rodeado de cientos y hasta miles de personas, pero cada una lleva su cruz por dentro, sus penas y sus glorias.

Bien dice el refrán popular que "todo lo que sube tiene que bajar", como replicando la ley de la física harto conocida, no obstante, los objetos inanimados que sufren este desenlace lo realizan de forma concéntrica, es decir, se sube y se baja, nada hay arriba y muy poco de espacio material abajo. A los presos nos pasa igual, se sabe uno inocente o culpable eso al momento no importa, empero, todos los de abajo, sea por origen social, clase, credo u orientación política nos toca comprender las dimensiones reales de la infamia.

El policía y el custodio se convierten en decapitadores de todos tus derechos, te escupen una culpabilidad que no es materia de su competencia, el tiempo los ha vuelto insensibles, simples marionetas que ocupan un espacio en ajetreos de su oficio carcelario.

Los administrativos con sus bajos sueldos se esfuerzan tanto por no lidiar este toro que de árbitros quedan convertidos en una especie de fieras contra el aherrojado. Se trata de hacerles sentir lo que son, presos, como si Jesús de Nazaret, sus correligionarios, Gandhi, Mandela o Arnulfo no hubieran sido huéspedes del infortunio.

El director del sistema, los directores de las cavernas de muerte y enfermedad, los jefes de seguridad de los penales y no se me escapará por omisión deliberada ni el ministro de Gobierno ni mucho menos el presidente, todos son conocedores de los entuertos, violaciones, agresiones, carencias y un extenso etcétera que no alcanzo a dimensionar, pero no hacen nada y jamás he podido conocer la razón.

Vi a gente buena y muchos realmente malos, sentí la ira del averno, con sus reglas y sus tratos. Nadie pudo jamás explicarse por qué el hombre al tener el tigre en su jaula sigue apuñalándole en su salud e integridad física. Qué asco tengo de quienes solo hablan del mito y profieren palabras ofensivas y vejámenes al indefenso. ¿Qué nos diferencia de ellos cuando están libres y nos roban, secuestran o matan?, si muchas ocasiones esas habilidades no son innatas, sino adquiridas en la mugre y las bacterias. Se mueren y los olvidamos, los que sobreviven regresan a cobrarnos las deudas. Acabemos este ciclo demencial.

Abogado

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Miércoles 15 de julio de 2026