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Sobre el momento político actual


Tres meses ya sin solución para la crisis política. Y a medida que pasa el tiempo, el conflicto se agrava. Los ánimos vibran más enconados y las pasiones se enardecen. Buena prueba de ello, el interés gubernamental de establecer “la segunda vuelta electoral” y la oposición de la ciudadanía, el Tribunal Electoral y de algunos diputados frente a los ensayos de solución que realiza, con asomo de fracaso, la mayoría oficialista de la Asamblea Nacional. El ambiente es hoy mucho más duro que antes. Vean los privados de Palacio cuáles son los frutos que han logrado para el Gobierno en estos meses de crisis.

Los últimos días, todos fueron cabildeos y reuniones misteriosas; el embrollo político alcanzó proporciones inverosímiles. Sobre la escena de la más vieja farsa han aparecido nuevos personajes. Todos son privados de Palacio, validos del Ejecutivo. El desarrollo de la crisis adquiere, por tanto, un aire de capricho e intervención personal que hiende lo mejor de la Constitución. Entre diputados, dirigentes políticos y ministros anda el juego; mientras tanto, Panamá avizora el horizonte político, arisco y celoso. No se juzga útil escuchar su voz, y hace bien en guardarla para cuando sea llegada la hora y hacerla oír con imperio.

CRISIS LEGISLATIVA, CRISIS DOMÉSTICA Y SECRETA. CRISIS DE SALÓN O DE CAMARÍN...

La solución de la crisis pasa de mano en mano entre los dirigentes políticos, la Asamblea Nacional de Diputados y los favoritos del Ejecutivo. ¿Quiénes son estos personajes de tan decorativo renombre, y qué tienen que ver con los profundos anhelos de Panamá? Crisis legislativa, crisis doméstica y secreta. Crisis de salón o de camarín, esta de ahora es de todo menos una crisis moderna, parlamentaria, democrática ni nacional. Ni el vicepresidente, ni ministro alguno o favoritos de los que dedican alternativamente sus horas a “promover inversiones y turismo” y a la política palaciega, puede representar, no ya una opinión panameña, pero ni siquiera el eco de una pequeña voz nacional.

Vea el lector a qué punto de relajación política hemos llegado, que en pleno siglo XXI, después de una enorme lucha por la libertad se resuelven las crisis de Panamá como podría dirimir un señor feudal las querellas de sus criados. No obstante este eclipse momentáneo, concebimos la política como la mecánica que debe lograr la armonía entre las fuerzas morales y materiales de la sociedad.

Destituciones, amenazas, acusaciones de todo género, secretos ofrecimientos y misteriosas venganzas… he ahí el saldo que arroja la actual crisis política. ¡Oh inefable eslogan publicitario gubernamental: “Juntos haciendo un mejor Panamá”!

*Pedagogo, escritor, diplomático