Sobre el voto electrónico en Panamá
Aunque durante mi vida profesional he estado impulsando, nacional e internacionalmente, la tecnología informática ante la posibilidad de que esta se utilice para registrar los votos en la próxima y en cualquier elección en Panamá, me veo en la obligación de hacer una excepción y oponerme a que se utilicen máquinas para votar. Aclaro que soy un ciudadano independiente, sin vinculación con partidos políticos, y mi preocupación va más allá de las próximas elecciones.
La primera consideración que me llevó a esta decisión es el secreto constitucional del voto, del que el artículo 135 de nuestra Constitución indica: “El sufragio es un derecho y un deber de todos los ciudadanos. El voto es libre, igual, universal, secreto y directo”. Con una máquina desaparecerá la confidencialidad del voto porque la máquina autorizará al votante a emitir su voto, una vez lo haya identificado y al captar el voto conocerá cómo ha votado cada quien. Además de no ser secreto, tampoco será directo, será un computador y no las papeletas el que determinará los electos. Si hay dudas de que esto es así, recuerden las represalias que contra los empleados públicos tomó Hugo Chávez en Venezuela tras la votación para la revocatoria de mandato. La empresa contratada no tenía ninguna experiencia procesando votaciones electrónicas, fue contratada directamente y confeccionó el sistema según las especificaciones del CNE, par de nuestro Tribunal Electoral (TE).
Le tocaría a la Corte Suprema de Justicia (CSJ) pronunciarse sobre la inconstitucionalidad de utilizar equipos informáticos para votar, que capten y registren cada voto y mantengan esta información disponible para otros usos, en caso de presentarse un recurso en contra. Para evitar posibles abusos, el Gobierno de Francia, en las elecciones presidenciales de 2012, utilizó el voto en papel, y no piensa cambiarlo.
La papeleta electoral en blanco, impresa y controlada por el TE, se le da al votante justo antes de votar y al estar firmada por los miembros de la mesa impide la introducción de un voto no autorizado y si hay votos de más, se eliminan al azar.
El acta electoral manual con sus copias, cada una con las firmas de todos los jurados de mesa y representantes de los partidos, quienes a su vez conservan su propia copia auténtica, es la garantía de un resultado debidamente computado, desde la mesa electoral hasta la Junta Nacional de Elecciones. En caso de reclamo están las copias auténticas y se pueden comparar con los resultados reportados; los sistemas de transmisión se alimentan de información tomada directamente de las actas, y la posibilidad de fraude o error es casi nula y en caso de hacerse, de fácil detección.
Actualmente no hay críticas al proceso electoral, el primer boletín se produce a las pocas horas del cierre de la votación, y no puede haber un “apagón electrónico” que al reaparecer haga aparecer de la nada un resultado electoral diferente a la voluntad de los electores. Y si hay diferencias, se impugnan con las copias de las actas firmadas.
El voto electrónico está sujeto a modificarse sin que se entere el votante y no hay garantía de que el voto será registrado y escrutado tal como fue emitido. Las más estrictas medidas de seguridad tal vez puedan impedir que un hacker no autorizado ingrese al sistema y lo modifique, pero no podrán impedir que un hacker “autorizado”, con privilegios de acceso que le permita manipular la base de datos de producción, haga la modificación sin que se activen alarmas ni se registre la actividad. Este hacker contaría para hacer la trampa con la autorización de quien maneje el equipo cibernético, y este puede ser manejado por una empresa particular contratada para este fin.
Ante esta posibilidad no serían los electores quienes elijan a los candidatos, sino el que la empresa a cargo del sistema electoral decida que resultará electo; o al partido al que esta empresa responda. Y podemos tener la certeza de que el primer gobierno que llegue al poder mediante el voto electrónico volverá a “ganar” las siguientes elecciones con este sistema y si dudamos, miremos nuevamente a Venezuela, cuando la reciente diferencia oficial del siete por ciento nos trae recuerdos de la diferencia nuestra de 1,713 votos en 1984.
Ahora, ¿por qué las empresas de informática están deseosas de imponer el voto electrónico?, por la misma razón por la cual hay tantos candidatos y todos están convencidos de que van a ganar; así mismo las empresas que pueden suministrar los equipos y programas para la votación electrónica están convencidas de que van a ganar la licitación, aunque lo más probable sea que se designe a una empresa seleccionada de antemano sin que haya un proceso de licitación pública. Las contrataciones del TE para estos servicios de elecciones electrónicas pueden indicar la pauta a seguir. Y de establecerse el voto electrónico, ya sabemos qué esperar.