Sobre la misteriosa muerte de Arafat
El término ‘atrevimiento’ puede ser usado o percibido de diferentes maneras. Unos se atreven a tirarse a la piscina mientras que otros a tirar desechos en ella. Unos se atreven a retirarse de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) en este caso Estados Unidos e Israel, hace tres años en protesta tras la inclusión de la Autoridad Palestina a esta organización; mientras que otros se atreven a acusar, sin pruebas tangibles al Estado de Israel por la “misteriosa” muerte de Yasser Arafat. Hecho ocurrido en 2004 dentro de un hospital militar francés. Y de último tenemos al secretario de Estado de los EE.UU., John Kerry, teniendo negociaciones con Irán sobre el “programa nuclear iraní”.
Obvio es que las cosas no se ven muy alentadoras. En primer lugar muchos miembros de la prestigiosa organización Unesco sufrirán las consecuencias por la ausencia de los EE.UU. e Israel. A largo plazo algunos miembros caerán en una trampa política regida por naciones y líderes que esperaron siglos por tener una oportunidad como esta en la cual podrán engañar y manipular a una comunidad internacional vulnerable, y esto gracias a los puentes que la misma organización Unesco construye ... hechos de paja.
Con respecto a las insinuaciones y acusaciones sobre las causas del fallecimiento del exlíder palestino Yasser Arafat de que fuera “envenenado con polonio” a manos de Israel, tenemos a un equipo de científicos suizos, los cuales no están seguros el 100% de que sus resultados dan un diagnóstico satisfactorio. En otras palabras: este equipo se suma a otros que llegaron a las mismas conclusiones. Lo que deberíamos considerar es lo siguiente: Yasser Arafat fue confinado a la famosa Mukata (un conjunto de edificios de oficinas gubernamentales en Ramala) y sitiada por el ejército de Israel, esto ocurrió el 29 de marzo de 2002 y duró hasta el 25 de octubre 2004, día en el cual Arafat es trasladado en helicóptero a Francia para ser tratado en un hospital militar y donde el 11 de noviembre 2004 fallece. En todo el tiempo del sitio de la Mukata, Arafat estuvo con una veintena de otras personas, entre ellas unas mujeres que cocinaban sus comidas. Todos los allí confinados recibieron víveres, frutas, bebidas, alimentos y artículos de aseo empacados en los territorios palestinos y enviados sellados, luego de que fueran chequeados por las autoridades tanto palestinas como las israelíes. Arafat nunca recibió de manos de Israel ningún paquete ni objeto para su uso exclusivo, los alimentos eran preparados dentro del complejo por las mujeres y todo se repartía. Aquí surge la interrogante: ¿cómo es posible que solo Arafat se “enfermó” y falleció por “envenenamiento por polonio”? Si así fuera, todos los que allí estaban con el líder tuvieron que presentar los mismos síntomas y correr la misma suerte. Algo que, obvio, no ocurrió.
Ahora veamos lo que pasa con las conversaciones, negociaciones y apretones de manos que el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, está lidiando con líderes iraníes para llegar a acuerdos sobre un alivio de las sanciones a Irán y el ya famoso “plan nuclear iraní’. Por un lado tenemos a líderes iraníes buscando afanosamente algo que les es esencial: tiempo. Y encontraron a Kerry, el cual aparentemente sabe cómo proveer y hasta regalar “tiempo”.
Irán jamás cederá sus ambiciones de llegar a ser nuclear, y podemos aprender mucho cuando uno ve cómo por un lado tenemos a un Kerry tratando de lograr avances para un compromiso, mientras que en esos mismos momentos la televisión estatal iraní presenta un video o animación computarizada de un ataque con misiles. En esta simulación, acompañada de música de fondo para un efecto dramático, se observan misiles balísticos volando desde Irán y cayendo sobre ciudades de Israel. Se ve y se lee tanto en iraní como en inglés algunas palabras de descripción. Tel-Aviv, algunos complejos militares, Dimona, un centro bancario, otros puntos de la ciudad de Tel-Aviv y al final, el Aeropuerto Internacional de Israel, Ben-Gurion. Aquí sobran las palabras, pero a los líderes iraníes nunca les sobra ni soberbia ni atrevimiento.