default

Sobre la teocracia

Por: Redacción 03/04/2017

La teocracia es un tópico que vale la pena que sea examinado, aunque no lo crean, porque este, directa o indirectamente, se hace palpable, especialmente, por la presencia e injerencia de las religiones en los asuntos humanos cotidianos, sin menoscabo de los casos en que algunos de sus líderes espirituales actúen al margen de lo ético-jurídico y/o ya sea que manipulen y abusen de sus seguidores.

Las religiones se presentan como un conjunto de creencias y prácticas que dependen de y se enfocan en, reitero, el sistema teocrático, es decir, que el Ser Supremo es el que les rige. Hasta aquí, no tengo problema con esto, ya que, si tomamos como ejemplo a la naturaleza, la cual existe, funciona y subsiste por causa de un Diseño Inteligente, es absurdo rechazar que el Creador sea quien guíe nuestras vidas. El gran dilema estriba en que la gran cantidad de religiones existentes provocan confusión y malestar, máxime cuando cada una de estas reivindican, contra el resto del mundo, ser las dueñas, depositarias e intérpretes de la verdad y autoridad divinas, lo cual hacen por medio de sus líderes espirituales, y es en este último punto que ellas creen y defienden que se manifiesta, desarrolla y viabiliza la teocracia.

Este asunto no es ajeno del cristianismo, tanto en las iglesias mayoritarias e históricas, como en las iglesias posteriores y recientes principalmente las provenientes de los movimientos neopentecostales. Entre ellas, la idea de que sus líderes son infalibles, y que estos tienen unción y poder mayores que el resto de los mortales, es un dogma de fe, y, ay de aquellos que cuestionan esto, porque las ideas democráticas y libertarias, en los contextos eclesiales, son tratadas como blasfemias y herejías.

La respuesta a esta válida inquietud se encuentra en las diferentes reflexiones teológicas y filosóficas que se han hecho en torno a los sistemas de gobierno eclesiales, y es que la teocracia no puede verse solamente como el gobierno de unos pocos, por más líderes espirituales que sean, sino, mejor dicho, como la participación de todos los creyentes, sin fueros, privilegios, discriminaciones y sesgos, porque todos fuimos creados por Dios a su imagen y semejanza, somos pecadores y somos sujetos de la gracia y misericordia divinas.

Estas reflexiones dejan en claro que el poder eclesial no debe estar centralizado, sino, más bien, repartido y delimitado, en tres sistemas de gobierno, a saber, Congregacional (que consiste en que los laicos son los que toman las decisiones administrativas), Episcopal (que radica en que los clérigos enseñan y predican las verdades espirituales) y Presbiteriano (que se fundamenta en que los creyentes con mayor madurez y virtud son los que orientan, supervisan y corrigen a los demás).

Abogado y Locutor.

Edición Impresa

Miércoles 15 de julio de 2026