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Sobre la tumba de Armero


El pasado domingo 13 de noviembre se rememoraron 26 años de la tragedia de Armero, departamento del Tolima, Colombia, que fue "borrado del mapa" por la fuerte erupción del Nevado del Ruiz que, como "león dormido", esperaba para rugir luego de 140 años de inactividad y acabar con un pueblo laborioso y próspero.

Desde entonces han sido incontables las historias plasmadas a través de los medios de comunicación masiva que evocaron la magnitud de esta tragedia, en la que más de 23,000 almas apagaron su luz aquella noche al quedar sepultadas bajo 500 millones de metros cúbicos de espesa mezcla de lodo, agua, rocas y cuanto escombro arrastraron los bravíos lahares.

No es fácil olvidar las imágenes de Omayra Sánchez, la "niña santa", símbolo de la mayor tragedia natural que ha vivido Colombia, que falleció 72 horas atrapada hasta el cuello en agua y lodo, ante la mirada e impotencia de médicos, periodistas... y millones de personas que elevaron al cielo una oración para que fuera rescatada. Además, muchos países se unieron en hermandad para prestar ayuda a los heridos y damnificados, y a poner una gota de miel en el piélago de tanto dolor y tanta ruina.

Esta tragedia fue la “crónica de una muerte anunciada”, porque se dieron señales que advertían el peligro para el pueblo y que los vulcanólogos predecían, además de que no hubo un plan de evacuación oportuna que hubiera salvado a miles de armeritas. Afortunadamente, en la actualidad, son muchos los que se han unido para recuperar el pasado colectivo de Armero y generar conciencia sobre la necesidad de establecer políticas de prevención frente a casos similares.

Armero, convertido en camposanto, está lleno de recuerdos, de ruinas arquitectónicas, de monumentos con fotos y textos… que no dejan al visitante el rico aroma del café... solo la tristeza y desolación; aunque en medio del dolor está la fe, tal como se lee en este epitafio: "La muerte no es más que el comienzo de la vida. ¡No son los muertos los que en dulce calma la paz disfrutan en la tumba fría!; muertos son los que tienen muerta el alma y aún viven todavía".

Sabemos que nuestro hermano país de Colombia aprendió muchas lecciones después de aquella catástrofe, pero faltan por emprender muchas obras para aliviar el dolor de los que aún quedan. Ojalá que el turismo cultural que se impulsa en la región les sirva para reactivar el desarrollo económico, y como Lázaro se "levanten y anden"... pero sin olvidar la lección de vida de aquellos que abonaron la tierra para hacer brotar las semillas fértiles de la esperanza.