Sobre las desilusiones políticas
Un 19 de octubre de 1941, vivamente afectado por el golpe de Estado en su contra, Arnulfo Arias Madrid declara a un medio de prensa en La Habana su deseo de regresar a Panamá para ejercer su profesión como médico cirujano y dar por terminada su carrera política. Afortunadamente para nuestro país, no cumplió ese anuncio dado al calor de la desilusión.
Hoy, sin embargo, puedo comprender su desilusión profunda; y es que en esta trinchera política que muchos escogemos, el fuego no tiene nombre y se recibe a veces de la filas propias más que del supuesto enemigo.
Comprendo y comparto, en alguna media, esa progresiva pérdida de la fe que parece invadir a aquellos que no ven en la política lo que realmente es: una vocación y un servicio; y que se encuentran que ese mundo está plagado, más bien, de un cáncer vicioso que engorda el cuerpo y el instinto, pero que estrangula lentamente en el hombre la conciencia y la voluntad de servir.
No me sorprende ni me afecta, ver viciados en forma irreparable ya a algunos que solo viven atormentados por el ansia de poder y que sufren en la vida los peores tormentos del infierno cuando están en el poder, por temor a perderlo cuando lo tienen, y por el ansia desmedida de buscarlo, cuando les hace falta. No me afecta ver en esos hombres la oxidación propia del metal que a sí mismo se corroe desde su entraña.
Pero cuando veo parte de nuestra juventud seguir esos oscuros pasos que los llevan a los caminos de una política criolla, plagada de falta de valores, que persigue ansiosamente el poder por el poder, que desprecia y desconoce el legítimo derecho de colectividades oprimidas a anhelar una mejor condición de vida; allí sí entiendo la gran desilusión de aquellos que genuinamente querían servir y encuentran muros que parecen infranqueables.
Pero la Providencia trabaja en formas misteriosas y nos llama nuevamente a todos a no perder la fe en el logro de nuestros grandes destinos como nación, por nuestros hijos y por aquellos que no han nacido aún, pero que algún día serán también los hijos de esta patria que también nos vio nacer.