¿Somos libres?
Aunque el ser humano nazca libre, medio mundo es esclavo de uno mismo, y el otro medio practica el abecedario de las cadenas, por lo que es muy difícil emanciparse, por muchas ceremonias que nos declaremos contra la esclavitud. ¿Quién pudiera ser libre como el viento? Naciones Unidas acaba de estimar que hay veintiún millones de personas esclavizadas en el planeta, entre las cuales cerca de seis millones son niños. Lo cierto es que la deshumanización y la humillación están a la orden del día, en cualquier camino, donde habiten seres vivos. Precisamente, cuesta erradicar este terrible flagelo porque es un gran negocio. Según Naciones Unidas, genera a los explotadores ganancias ilícitas de hasta $150 millones. Sus víctimas son de toda condición, pero la mayoría de las veces se hayan entre los más pobres de entre los pobres, o sea, de entre los más vulnerables en definitiva.
A propósito, decía el ensayista, novelista y poeta Khalil Gibran (1883-1931), que hasta el ruiseñor se negaba a anidar en la jaula para que la esclavitud no fuese el destino de su cría, y no le faltaba razón, ya que jamás será libre aquel que se pone cerrojos, ya sea con abecedarios o con el propio pensamiento. Para empezar estamos acostumbrados a adoctrinar, a permanecer pasivos e indiferentes ante seres humanos abandonados, a no solidarizarnos con trabajadores injustamente tratados, cuando no despreciados, a hacer turismo por las calles del mundo y a permanecer fríos ante este comercio tan injusto de compraventa de vidas humanas, o a no querer ver lo que es verdaderamente palpable, como es el turismo sexual o la compra de órganos. A cuántas vidas a diario le cerramos el futuro, le impedimos soñar con otros horizontes, realizarse, volar y esperanzarse.
Desde luego, si en verdad queremos poner fin a esta lacra, no solo se requieren legislaciones, sino que se aplique estrictamente la norma, involucrando no solo a Naciones Unidas, también a todos los actores del mundo que lideran países, religiones o culturas. A mi juicio, es una buena noticia que se haya sugerido el nombramiento de un enviado especial de la ONU para trabajar con los Estados y desarrollar, en 2017, una asociación global para acabar con la esclavitud moderna. Ya se sabe que nadie es totalmente libre, hasta que lo sean todos. Por desgracia, se ha ido perpetuando de generación en generación esta cultura del vasallaje, de diversos modos y maneras. La atmósfera actual es de lo más vejado, con las consecuencias que ello conlleva de maltrato, violación de la propia dignidad e institucionalización de la desigualdad. De ahí la necesidad de que todo ser humano pueda sentirse libre, ser libre, vivir en libertad. Ya está bien que sea un privilegio de algunos, cuando es un derecho de todos.
Escritor