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¿Somos sinceros en Semana Santa?


Se supone que estamos en días de reflexión, con iglesias repletas de feligreses, orando unos y otros pidiéndole a Dios, quizás, que caiga nieve en el trópico.

Pero no nos hemos preguntado por qué realmente conmemoramos esta fecha. Mientras que en las iglesias el sacerdote oficia la misa, unas señoras miran el vestido que tiene la otra y hablan que le fue infiel a su esposo, o que vive de apariencias. Nos olvidamos del perdón, de una segunda oportunidad y que somos seres humanos para equivocarnos.

No se va a los templos solo en la Semana Mayor, sino cuando se tiene la oportunidad. Estamos en un mundo donde el tiempo poco alcanza, con un tráfico vehicular terrible y una tecnología que es buena en ocasiones y desastrosa en otras. No es un tema de asistir a la iglesia a escuchar el sermón del sacerdote, sino ponerlo en práctica.

Muchas personas salen de las iglesias y olvidan todo lo expresado por el cura y continúan su vida sin ejecutar lo aprendido. La hipocresía es el opio de las personas, pero mientras no nos perdonemos a nosotros mismos, y no giremos hacia la dirección correcta, ir a la iglesia solamente será como asistir a un evento social, con el que se debe cumplir por obligación, no por convicción.

Un día como hoy existe la ley seca, no obstante, vaya a los campos para que vea a la gente consumiendo licor en grandes cantidades. La prohibición debe venir de uno mismo, ya que a Dios no lo podemos engañar.

Hay que ser sinceros, perdonarnos primero para luego diseminar amor. No es mucho el esfuerzo y no cuesta millones de dólares de una cuenta bancaria. La riqueza la tenemos en nuestro interior, pero debemos compartirla con el vecino, el compañero de trabajo y con quien la necesite. Uno nunca sabe el día que caerá en un abismo, y la persona que usted menos espera, será la que le extenderá la mano de la bondad.