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Soy decente ¿y qué?

Por: Redacción 23/11/2013

Jaime Figueroa Navarro /Líder empresarial (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Parte del secreto de un columnista es arrebatar la atención del lector. De seguro el título de mi columna de hoy levantará la curiosidad de más de uno. Igual que el título, se denomina uno de los programas que implementa el Ministerio de Educación en provincias, según nos narró la titular Lucy Molinar, frente a un absorto auditorio durante el III Foro Nacional de Valores Cívicos y Morales, el pasado martes en la tarde en el hotel Sheraton de esta capital. Y es que en Panamá se premia poco la buena conducta. ¿Por qué no somos protagonistas?

CUANDO SE TIENE PODER, NO SE GANAN DERECHOS, SE ASUMEN RESPONSABILIDADES. EN NUESTRAS SOCIEDADES LATINOAMERICANAS, MARCADAS POR LA INEQUIDAD SOCIAL, PONER EL NORTE Y EL ACENTO EN LOS DERECHOS DEBERÍA SER UN IMPERATIVO ÉTICO.

Así culmina un fascinante día, que se inicia temprano en la mañana con seductora conferencia por el extraordinario motivador mexicano Alex Dey, en el domo universitario de Curundú a un repleto enjambre de estudiantes universitarios de Turismo y otras disciplinas. Es tan profundo el mensaje, que yo le contrataría a tiempo completo para conversar con cada uno de nuestros conciudadanos, con el fin de elevar su autoestima y mejorar de esta manera la actitud y calidad de vida de todos.

Alex Dey es un visionario que embriaga por su pasión. Nos ilustra sobre temas poco tratados en nuestras universidades como fundamentos de calidad total, autoestima y servicio con valor agregado. Pero su común denominador, lo más importante, es la actitud. En eso debemos trabajar con ahínco en Panamá. La culpa no es solamente del colaborador, es principalmente del empresario que no está entrenando adecuadamente a su personal. Todos, sin excepción, quedamos vivamente tocados por su testimonio, entusiasmo y compromiso, que le han convertido en un hombre de éxito y ejemplo para miles de personas alrededor del mundo.

El III Foro de Valores Cívicos y Morales, actividad que no se celebraba desde hace varios años, fue convocado por el presidente de la Comisión Nacional Pro Valores Cívicos y Morales, don Temístocles Rosas. Esta comisión aglutina a todos los clubes cívicos presentes en la República y otros paraesados en el tema. Me apesadumbra que no haya contado con un lleno, tal vez un espejo de la sociedad en la que vivimos.

Tres paneles desarrollaron los siguientes temas: La Educación como Pilar en la Construcción de Valores, Valores Ciudadanos y Cómo Hacemos Valer Nuestra Condición de Ciudadanos, y Acciones que Hacen la Diferencia. Sin excepción, todos los expositores fueron excelentes, briosos y apasionados.

En especial, gocé la ponencia de Minerva Gómez, de Constructora Odebrecht, sobre el impacto del Proyecto Curundú con una portentosa presentación visual del antes y después, y nos ilustró que en efecto sí se puede efectuar un cambio en la vida de miles de conciudadanos que viven en la miseria, rodeados de basura y malolientes cloacas, al acecho de pandillas y enfermedades, totalmente olvidados por un Panamá que se vanagloria de sus rascacielos y que debiese ser más consciente de su rol social. Este modelo de Curundú, ¡sin duda hay que multiplicarlo por doquier!

El orador de fondo, Jorge Melguizo, quien viajó desde Medellín especialmente para el evento, nos propuso que cuando se tiene poder, no se ganan derechos, se asumen responsabilidades. En nuestras sociedades latinoamericanas, marcadas por la inequidad social, poner el norte y el acento en los derechos debería ser un imperativo ético. Y ese imperativo se convierte en uno mayor cuando se habla, como en Panamá, de crecimientos económicos importantes, de aumento del PIB, de competitividad paranacional: si la riqueza no produce equidad, ¿para qué la riqueza?

Nelson Mandela desde su celda nos escribía: "Al juzgar nuestro progreso como individuos tendemos a concentrarnos en factores externos, como nuestra posición social, influencia, popularidad, riqueza y nivel de educación”.

Estos son, obviamente, factores importantes para medir nuestro éxito material y es perfectamente comprensible que mucha gente se esmere principalmente en lograr todo ello.

Pero los factores paranos pueden ser incluso más cruciales al evaluar nuestro desarrollo como seres humanos. La honestidad, sinceridad, simplicidad, humildad, pura generosidad –cualidades que están fácilmente al alcance de cada alma- son la fundación de nuestra vida espiritual.

El desarrollo en cuestiones de esta naturaleza es inconcebible sin una seria introspección sin conocerse a uno mismo, con sus debilidades y errores.

Al menos, por este y por ningún otro motivo, la celda te da la oportunidad de mirar diariamente a tu entera conducta y superar lo malo y desarrollar lo que es bueno en ti.

La meditación regular, digamos unos 15 minutos diarios antes de comenzar, puede ser muy fructífera desde esta perspectiva. Podrás encontrar difícil al principio señalar los aspectos negativos de tu vida, pero el décimo intento puede generarte ricas recompensas. Nunca olvides que el santo es un pecador que sigue intentando”.

Soy decente ¿y qué?

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Miércoles 12 de agosto de 2026