Stephenson sí tiene quien la lea (Wikileaks, parte II)
Quizás la parte más difícil de publicar los cables diplomáticos de Estados Unidos entregados por Wikileaks a Panamá América sea la cantidad de información que cada uno de ellos contiene en sus párrafos.
Ninguno está escrito con un orden lógico, o sobre un solo tema.
Barbara Stephenson, ex embajadora de Estados Unidos en Panamá, tenía una forma muy particular de informar a sus jefes sobre el acontecer del país: un día escribía un cable corto sobre una situación puntual, y al otro enviaba a Washington un escrito en el que mezclaba una revisión histórica del país con entrevistas, asuntos particulares y charlas de políticos con otra oficina de la embajada.
Los títulos de sus cables eran variopintos: “¡No los necesito!”, titulaba uno sobre la pelea con Olmedo Alfaro; “La gran pelea que viene”, anunciaba en otro, al referirse a sus desacuerdos con Ricardo Martinelli; “Son las instituciones, estúpido”, parafraseaba a Bill Clinton en otro título, al hablar sobre el liderazgo paternalista del presidente.
Al final de cada cable Stephenson se reservaba unas líneas para escribir sus “comentarios”. Con un estilo agudo, directo y franco, allí la diplomática se quitaba el traje y se permitía teclear sus opiniones sin disimulo.
En todos los cables se advierte un denominador en común: están escritos con la seguridad de que nunca se harían públicos. Así escribía Stephenson desde su oficina en Clayton.
Sin embargo, Estados Unidos no calculó la audacia de un grupo de personas, liderada por Julian Assange, que se empecinaron en hacer público lo que los Estados querían mantener oculto.
Eso es Wikileaks.
Y a partir del lunes, Panamá América comenzará a publicar la segunda serie de cables que obtuvo a través de un acuerdo con esa organización.
La gente comenzará a conocer, nuevamente, lo que pocos sabían. Y ahora lo sabrán todos.
