Supervisión para mejores escuelas
El término supervisión tiene muchos significados. Toda persona que lee u oye esta palabra, la interpreta según su experiencia, sus necesidades y sus propósitos. Nosotros la interpretamos en función docente. Un supervisor escolar puede considerarla como una fuerza positiva para mejorar el programa; un maestro puede verla como una amenaza a su individualidad; otro maestro puede buscarla como una fuente de ayuda y apoyo.
La supervisión es ayuda para mejorar. Ocurre cuando se ayuda a los maestros a dar un paso adelante. Existen diferencias individuales en los maestros, así como en los alumnos; y si la supervisión es eficaz, todo maestro trata de mejorar algo. Ejemplo, un maestro de sexto grado puede estar aprendiendo cómo ayudar a los alumnos a formar listas de palabras de escritura difícil. Otro puede estar emprendiendo su primera excursión para reunir muestras de vida silvestre. Es evidente que los intereses no son los mismos. Las etapas de desarrollo pueden ser enormemente diferentes.
Además, la supervisión no puede imponerse; solo es eficaz cuando ha sido solicitada como una ayuda. Los maestros, como los alumnos, escuchan y aprenden cuando están preparados para aprender.
La función básica de un supervisor escolar es mejorar la situación de aprendizaje de los niños, niñas y adolescentes. Si una persona desempeña una función supervisora, pero no contribuye a que sea más eficaz el aprendizaje en la sala de clase, su existencia en esa posición no puede justificarse. La organización, el equipo, las relaciones entre el personal, y el bienestar del maestro, solo son importantes como recursos para mejorar las oportunidades de aprendizaje de los educandos. La supervisión es una actividad de servicio que existe para ayudar a los maestros a que realicen mejor su función. Puede definirse, en términos generales, como los servicios que se ofrecen para mejorar la enseñanza.
Una de las funciones de la supervisión escolar es la creación de un saludable clima espiritual para el plantel. En algunos planteles, se nota un ambiente de alegría, de trabajo tesonero. Otros son lugares desagradables, inactivos, monótonos, a los que, tanto los maestros como los alumnos, tienen aversión y evitan en lo posible.
En el primer tipo de plantel, a los maestros les agradan sus colegas y gozan de la compañía de sus alumnos. En el segundo tipo, los maestros tienen poco en común y se libran de los niños tan pronto como pueden. Mucho de esta diferencia se debe a la falta de un buen servicio de supervisión en nuestro sistema escolar.