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Suspenden todo, llegó el Carnaval


Los días son casi sagrados. Cuando llega el Carnaval a Panamá todo se paraliza, la mayoría de los panameños se olvida de las reformas mineras, crisis del agua potable, la nueva defensora del pueblo y del inicio del año escolar. Llegó la fiesta del Dios Momo, la excusa perfecta para salir de la rutina y entrar al jolgorio donde solo se habla de reinas y murgas. En el interior cambia la economía, todo gira en torno a los culecos y las noches de fiesta.

Los políticos guardan en el baúl sus discursos y planteamientos sociales, y no los desempolvan hasta después del Miércoles de Cenizas. Algunos prefieren abrir sus campañas oficialmente y tratan de acaparar la atención de las masas brincando en las mojaderas o acompañando a las tunas sin importar de calle son.

Los ministros de Estado también empacan sus maletas, algunos prefieren viajar al extranjero, otros se refugian en sus casas de playa. Hay algunos que no pueden escaparse y deben organizar operativos de seguridad y de salud.

Gran parte de las empresas privadas deciden cerrar sus puertas, mientras que las instituciones estatales paralizan sus labores por más de una semana. Todo se suspende.

Cuando todo vuelva a la normalidad, solo se hablará del aumento de la electricidad, de los nuevos proyectos mineros y de los trabajos del Metro de Panamá. Los docentes seguirán amenazando con paralizar las clases y los daños en el acceso al Puente Centenario seguirán sin resolverse. Panamá es un espectáculo.