Sutiles diferencias
El miércoles me tocó realizar uno de esos viajes relámpagos que en el pasado solía hacer 3 de cada 4 semanas al mes. Ahora me percato de que el reloj pasa y aunque aún guardo toda la fogosidad para los emprendimientos que hacen resaltar la figura de Panamá allende, tal vez ahora, de manera mejor planificada, pueda efectuar estas giras dos veces al mes, pues hace falta un paisano que se dedique a estos menesteres sobremanera cuando elementos tanto internos como foráneos hacen su mejor esfuerzo por menoscabar la imagen del terruño. En la escuela de la vida se aprende y en mi caso, en particular, la docencia en mis primeros pininos profesionales en la multinacional IBM me tatuaron en la mente, complementando aquellos letreritos que decían THINK que se encontraban desparramados por doquier en las oficinas de la empresa a nivel mundial, que calidad es hacer las cosas bien la primera vez. Ese concepto de calidad hace una diferencia garrafal en las existencias de lo que en ello guardamos el dogma de todo lo que hacemos y aquellos que pasan por la vida al libre albedrío, sin nortes ni faros ni ilusiones. Desde inicios de año venimos fraguando con el avispado estudiante istmeño José Núñez, de la Universidad de Arkansas, la presentación de una conferencia en su sede de Fayetteville, presentaciones que con frecuencia suelo dictar en diversas latitudes. Esta, en particular, profundiza algunos temas que no son de mi entera sapiencia como es el caso del agro. ¿Cómo podemos dictar una cátedra en una de las casas de estudio de mayor prestigio en el orbe en una especialidad que es la de ellos? Me tocó cambiar de saco y corbata al sombrero a la pedrada, consultar y analizar en una materia que no es mi especialidad, como si fuera el ministro de Agricultura de turno, llegando a la conclusión de que en un mundo globalizado, zapatero a tu zapato. Sencillamente nos toca maximizar la producción agrícola que más comida ponga sobre la mesa. En un convulsionado mundo donde su máximo líder desea embarcarse en proyectos de quijotescos muros, en lugar de aperturas, ya se hace notorio el desgastante efecto en las relaciones comerciales entre Estados Unidos y México. Poniendo los puntos sobre las íes puedo referirme al negativo efecto que produce, por ejemplo, en las frondosas exportaciones de maíz proveniente de los estados de Nebraska y Iowa, que prácticamente dependen del mercado mexicano para el grueso de sus exportaciones, el hecho que ahora para amasar sus tortillas, los vecinos del Sur estén en busca de otros suplidores que no les humillen de palabras, corazón ni hechos. Entonces, ¿qué pasará con esos miles de toneladas de maíz que ya México no va a comprarles? Se verán obligados a un "dumping" en el mercado mundial, de tal forma que sembrar maíz en Panamá resulta ridículo si podemos dedicar las mismas tierras a la siembra de otros elementos que nos rindan mayores frutos. El caso de la especialización en el rubro cafetero, que tanto ha beneficiado a las tierras altas chiricanas, nos sirve de ejercicio para plasmar un agro diferente a continuar con una visión desgastada de país bananero. Retomando el tema de la conferencia, a lo opuesto de las que acostumbro dictar, tradicionalmente de una hora de duración, me solicitaron dos horas y media. Interesantes retos a la garganta y la tecnología, obligando a la inserción de varios videos que me permiten sorber agua y ordenar el pensamiento. En adición, la presentación en Power Point se tornó muy pesada por contar con cientos de láminas, obligándome a contratar los servicios de un técnico, de causalidad francés, para armar el escenario. Interesante el tema del técnico. ¡Cuando no tengas el elemento humano preparado aquí, no titubees en buscarlo afuera! El éxito de un país está en la inmigración selectiva de aquellos que logren los objetivos de crecimiento a corto, mediano y largo plazo. De ello trata el impresionante éxito de Estados Unidos durante su historia, que parece desmoronarse a gritos por la inusitada terquedad de su población en elegir un presidente que a 100 días de su mandato ya goza de los más bajos niveles de popularidad en la historia. Victor, el francesito, con su bisturí mental, penetró mi Mac y le extirpó las telarañas para dotarle de su óptimo rendimiento en un tris. Sin excusas, sin atrasos ni paréntesis. Eso se paga con gusto, porque aplaudimos la productividad que resulta en hacer las cosas bien la primera vez. ¡Y por ahí nos fuimos!
Líder empresarial