Ta La Manito
Una muestra de las tradiciones folclóricas más representativas y auténticas de Panamá es el matrimonio típico, rebosado de armonía, violines y simbología religiosa. Festejarlo en Ocú, sede nacional del Festival del Manito, es sagrado dentro de una vitrina donde se lleva a cabo la presentación de actividades que desarrolla nuestro hombre de campo desde la colonia. Se le llama "Manito" porque representa la fraternidad entre hermanos, característica ocueña, cuyos lugareños acostumbran saludarse de mano y decir: "Ta La Manito".
Fue así que hace unas semanas al recibir dentro de una original chácara la invitación a las nupcias de mi querido sobrino Richard Morales Villarreal con la guapísima Lupita Navarro Madrid, oriunda de allá, con profundo arraigo a lo nuestro, le dije a mi esposa, Mayín, "ta la manito, ensilla a Rocinante que nos vamos a quijotear a Ocú el sábado 28 de mayo" porque una boda típica es como una visita al Vaticano, enternece el corazón del hombre más aguerrido y abarrota el alma de amor y ese sentir patriótico que se extravía cada vez más entre los rascacielos y los tranques vehiculares capitalinos.
Acompañados de renombrados folcloristas, entre otros la maestra Zoila de Castillero y el reconocido cantautor Dagoberto Yin Carrizo, ambos de erguidas raíces ocueñas, autoridades municipales, familiares y amistades foráneas e istmeñas, el reverendo padre Jonathan Mendoza, corpulento y simpaticón párroco, dio inicio a la ceremonia, posterior al desfile de apertura, en el que al son del folclórico tambor, el violín y voces angelicales desfilaron con garbo y donaire los actores principales y su elegantísima corte, derrochando pétalos de rosas, la preciosa infanta Carolina Milanés Troitiño de 4 abriles, finamente ataviada en su pollera y refulgentes tembleques, cumpliendo muy en serio su seráfico papel dentro del perfumado jardín en que se había convertido el templo.
Richard y Lupita representan la flor y nata de nuestra sociedad panameña, ilustrísimos mentores, ella, ingeniera industrial con maestría en administración de empresas; él, docente universitario con sendo postgrado en políticas públicas de la prestigiosa Universidad de Harvard en Boston, Massachusetts. Más allá de los títulos, que muchos pueden ostentar, estos jóvenes en particular gozan de una solvencia moral que los convierte en luchadores de causas justas con el ideario político que bien podría enrumbar a nuestro país en la senda del auténtico progreso que el Istmo exige para coronarse en el primer mundo.
Posterior a la ceremonia religiosa, en la que sus cabellos encanecieron con los granos de arroz que lanzaban los presentes fuera del templo, los desposados se dirigieron bajo los vítores de una multitud enardecida, sonrientes sobre el lomo de un caballo blanco, a la cercana Posada de San Sebastián, donde posterior al brindis, los novios nos deleitaron con un bien cultivado punto ocueño. Acto seguido, se inició el opíparo festín con una original fonda típica montada dentro del predio, alimentada con hojaldres, chicharrón, sancocho y otros deleites de nuestra gastronomía, una generosa mesa de ceviches y quesos, el bufé principal integrado por arroz con pollo, tamalitos, lechón, lomo en su salsa y plátano en tentación, la mesa de postres adornada con sopa borracha, bocado de la reina, flan y merengues, todo complementado por un elenco musical de salomas, música típica y la atinada introducción de Yin Carrizo con su tema "Yo me voy pa Ocú", por supuesto acompañado por bebidas cocacolizadas, alcohólicas y chicha fuerte para los más atrevidos de los comensales.
Rezagado el jolgorio, en el que todos hicimos grandes amigos bailando hasta el amanecer algunos o hasta la madrugada los menos jóvenes, deleitándonos con la hora loca y la murga de Panamá, nos despedimos con un "Ta la Manito", acaparando por siempre en una esquinita del corazón el recuerdo de tan particular maridaje y tan gustoso banquete.
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