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Tabaco, conviviendo con el enemigo

Por: Redacción 17/06/2014

El tabaco ha causado más muertes que cualquier guerra o actividad en el mundo. Las muertes, gracias al tabaco, no se contabilizan como homicidio para ocultar el carácter criminal de nuestra sociedad enferma. Si se hace un escándalo por el Holocausto, por las 5-6 millones de muertes anuales por el tabaco las justificamos en nombre del comercio y especialmente en nombre de la libertad. Cada 10 años, habría matado a 60 millones de personas y eso sin contar que en el pasado se fumaba aún más. El cinismo es tan grande que las tabacaleras están afiliadas a la glorificada “Responsabilidad Social Empresarial” igual que su hermano gemelo el alcohol.

Las principales medidas en el mundo giran en torno a aumentar impuestos, es decir, lucrar con el sufrimiento humano, a prohibir la publicidad (como si el tabaco consiguiera consumidores a través de la publicidad…) y a ofrecer programas de rehabilitación para los que busquen ayuda. En Panamá, estos programas son efectivos a nivel individual aunque desde toda la perspectiva, es como echarle agua a un incendio con una pistolita de agua.

Estas medidas son conocidas como “Medidas para el Control del Tabaco”, promovidas internacionalmente. Claro que detrás de estas medidas está la industria tabacalera que disimuladamente combate estas medidas, pero la realidad es que estas medidas lo que hacen es perpetuar una industria genocida.

Nos amenazan con decirnos que si prohibimos el tabaco, el mercado negro será similar al del resto de las drogas ilegales. Ignoran que el mercado negro existe y existirá sin importar la legalidad de un producto. Las armas, los animales, las plantas, adopción de humanos, etc., son legales; sin embargo, cuentan con un mercado negro. Además, si la declaratoria de legalidad resolviera problemas, entonces ¿qué esperamos para legalizar los homicidios, violaciones, violencia doméstica, pedofilia o la pobreza, desigualdad, etc.? Todas las actividades, sean legales o ilegales, generan un mercado negro, porque siempre habrá gente que se querrá aprovechar de todas las situaciones para su propio beneficio.

Bajo ningún concepto permitir el tabaco es justificable. Bajo el concepto jurídico, es inaceptable. El Art. 109 de nuestra Constitución obliga a todas las personas a conservar su salud de forma completa, sin ninguna excepción. Los derechos humanos (derecho a la vida, dignidad humana, salud) que forman parte del “Bloque de Constitucionalidad” son derechos irrenunciables, inalienables y universales. El seudoderecho que dicen tener las personas de afectar su propia vida y salud es nulo, no está reconocido en ningún lado del mundo jurídico. Nuestro Código Penal tipifica como delito la producción y venta de cualquier sustancia para consumo humano que ponga en peligro la salud de las personas. Las autoridades del mundo, en este caso, las de Panamá, obligadas por el Art. 17 constitucional a proteger nuestra vida y honra, y a hacer cumplir las leyes y la Constitución han guardado silencio por todas las décadas de existencia de este veneno.

Y es que el fumador no es una persona, sino una criatura en agonía que se le suministra veneno para ratas-cucarachas y miles de sustancias tóxicas con la promesa de obtener placer, libertad, independencia que nunca obtendrá, degradando su cuerpo y envileciendo su alma. Bajo el concepto ambiental, también es inaceptable. Contaminan nuestro aire, suelo, subsuelo y nuestras aguas. Las plantaciones de tabaco sustituyen posibles cultivos de alimentos.

Ni siquiera se justifica la existencia de este producto genocida bajo el concepto económico. Ninguna cantidad de impuesto será suficiente para cubrir ni siquiera la mitad de todos los costos sanitarios, ambientales, personales que genera el tabaco. Como ejemplo, en Panamá el tabaco genera más de 100 millones de dólares en gastos sanitarios, personales, excluyendo el costo ambiental que muchas veces es incalculable. La industria paga alrededor de 13 millones en impuestos. Y ¿quién cuantifica el costo de las lágrimas de los familiares de esas 5-6 millones de víctimas cada año? ¿Quién cuantifica el dolor, angustia, impotencia de la víctima fumadora en sus últimos meses de vida?

El autor Gonzalo Piedrola Gil, en su obra “Medicina Preventiva y Salud Pública” señala que: “El humo del tabaco en el ambiente contiene los mismos compuestos cancerígenos que los que se encuentran en el humo del tabaco inhalado por el fumador”. Concluye diciendo que el humo del tabaco es un carcinógeno ambiental. Carcinógeno es toda sustancia o agente que produce o favorece la aparición del cáncer.

Con mucho que añadir, pero sin espacio para continuar, solo me queda agregar la siguiente pregunta reflexiva: ¿Cuán necios podemos ser...?

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Viernes 7 de agosto de 2026